Querido diario: Es raro estar escribiendote esto después de tantos años. Ni quiero hacer la cuenta! Es que ya había olvidado tal vínculo diario contigo, y conmigo obviamente. Aún persiste mi asombro. No sé si estás al tanto, pero de manos de quién menos lo esperaba, apareciste nuevamente, en medio de un par de libros de Asimov, y El Gráfico del 86, que mostraba la copa en lo alto, tanto en la tapa como en la contratapa. Cualquiera en mi lugar se hubiese sumergido dentro tuyo, buscando algún tesoro, en medio de tan desteñidas y ajadas hojas. Pero no es mi caso. De inmediato, busqué una Bic trazo gruso, y sin que la melancolía me ganase, apoyé tus tapas sobre mi escritorio y, aquí me ves, dispuesto a continuar con aquello que tuvo una pausa de apenas cuarenta y pico de años. No sé por donde arrancar, es que llegaste sin avisar, y no creo estar preparado para la ocasión. Dejame recordar un poco ... Durante todos estos años me crucé con escrit...