- ¿Sabés qué pasó en la cuadra del kiosco? - - No. ¿Por? - - Dos patrulleros, la calle cortada. - - Averiguo. Aprovecho que tengo que ir a la panadería.- La casa del 466 no era lo que se dice, un palacete, tampoco una de esas que tienen frentes con jardín, donde muchos se paran a ver las flores. Ya el solo hecho de caminar por su vereda no es tarea fácil. Baldosas rotas y otras que no están, hacen que quien quiera distraerse mirando el frente de la casa, tiene muchas posibilidades de pegarse un porrazo. Eso si, el olor a pis de gato es una especie de certificado de domicilio para el que quiera saber por dónde anda. Los vecinos, vaya a saber porqué, evitaban hablar de esa casa, de quién la habitaba, de si tenían perro, gato, canarios. Pero sí, siempre la incluían en el grupo de esas tres casas, que " no están cuidadas y que afean el barrio". - ¿Y, qué averiguaste? - - No mucho. La del kiosco d...
Había un programe en la tele, creo que en el año 73, que duraba toda la tarde. Quizás era Matineé, donde estaba la Tía Valentina. Un día llevaron a un pibe que jugaba en las inferiores de Argentinos Juniors, los famosos Cebollitas. Esos programas tenían un poco de todo, se daban de lunes a viernes después de almorzar, y estaban hechos para acompañar. Era usual por entonces, que las mujeres no trabajaran fuera de la casa, sino se dedicaban al laburo del hogar, y la pesada crianza de los chicos (nunca menos de dos). Entonces la tele siempre estaba encendida, como para que fuesen más llevaderas, las tares hogareñas. El pibe en cuestión, estaba en un costado de la imágen haciendo jueguitos con la pelota (hoy freestyling). Era algo simpático para ese programa, pero no para mi. Al otro día fuí corriendo a contarle a los chicos de mi equipo, Los Leones, que había visto en la tele a uno de los Cebollitas, y que si nosotros avanzábamos en el campeo...