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Querido diario

Querido diario: Es raro estar escribiendote esto después de tantos años.  Ni quiero hacer la cuenta!  Es que ya había olvidado tal vínculo diario contigo, y conmigo obviamente.   Aún persiste mi asombro.  No sé si estás al tanto, pero de manos de quién menos lo esperaba, apareciste nuevamente, en medio de un par de libros de Asimov, y El Gráfico del 86, que mostraba la copa en lo alto, tanto en la tapa como en la contratapa. Cualquiera en mi lugar se hubiese sumergido dentro tuyo, buscando algún tesoro, en medio de tan desteñidas y ajadas hojas.  Pero no es mi caso.  De inmediato, busqué una Bic trazo gruso, y sin que la melancolía me ganase, apoyé tus tapas sobre mi escritorio y, aquí me ves, dispuesto a continuar con aquello que tuvo una pausa de apenas cuarenta y pico de años. No sé por donde arrancar, es que llegaste sin avisar, y no creo estar preparado para la ocasión.  Dejame recordar un poco ... Durante todos estos años me crucé con escrit...
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Compañeros

Y si.  Pasaron exactamente cuarenta y seis años. Apareció por ahí (casa de los padres de Gaby Cilenti), un álbum de fotos mías, entre las que se encontraban, 32 (un rollo) tomadas con mi Kodak Instamatic, joya, nunca taxi.  El Chino tuvo la gentileza de escanear una por una, y creí conveniente que con la ayuda de la tecnología, mejorarlas un poco, para paliar el rigor del paso del tiempo en ellas (lástima no poder hacer lo mismo con mi deteriorado cuerpito). Las compartiré desde mi Google fotos, pero me pareció bueno, recordar algunas cosas de esos días, y ayudar a los que el Alemán les está rodeando el rancho. Los que fuimos:     Chino     Lore     Rocco     Gaby     Turco     Pipa     Colo K     Gustavo     El que suscribe ¿ Olvido a alguien? No voy a escribir ni un cuento ni una novela, simplemente, tiraré una serie de recuerdos descolgados, y el que quiera, haga su aporte. Fuimos al d...

Pedido de Nochebuena

Ando medio fiaca para escribir, entonces me puse a busar algunas cosas que tenía escritas por ahí.  Encontré esta, de hace chiquicientos años, que refleja que por entonces, era más la frescura que el vuelo literario, lo que me salía.  Espero les guste   Carlitos, se la pasó gran parte de sus ocho años caminando. Las distancias en el campo son largas, todo queda más allá de dónde los ojos alcanzan a ver. La escuela era su único vínculo con el mundo, ese que estaría cerca de dónde sale el sol. Ahí su Maestro, Don Quique, pasaba el ratito en el que repartían la comida, contándoles esas historias de pantalones cortos, cuando tenía flequillo como ellos. Los alimentaba por la panza y por las orejas. Y tomando un jarro de sopa, conoció porqué la bandera se confundía con las ovejitas que caminan por el cielo. Supo que tenía un país y que había gente que trabajaba para que él estuviese bien. En realidad esta parte no la entendió muy bien. Quizás cuando sea más grande lo pensaría m...

Las dunas

Camino por la arena hostil que lastima la piel cuando vuela, que enceguece los ojos, una y otra vez. Ahi enfrente, una nueva duna, la que uno espera sea la última, pero el desierto es así.  una continuidad que nunca acaba. Le doy mis manos al viento,  se colman de minúsculas partículas de polvo, o de arena, ¿quién puede saberlo? Las sacudo y algo de transpiración hacen que una de ellas, quede en el centro de mi mano izquierda. Apreto fuerte para que no se caiga y la apoyo sobre mi corazón. Siento cómo su latir se pliega a mi mano y quizás llegue a conmover a ese pedazo de una de las dunas de este desierto. Mi desierto. Cierro los ojos, un poco por el incontenible viento y otro poco, buscando concentración. Escucho su voz. No siempre fue arena, antes fue piedra, y también roca. Rodó de una montaña, de la que con orgullo fue parte, cuando las aguas de un río que de ella nacía hicieron que siguiese su propio camino, llevando un mensaje, quizás, buscándome a mi. Pude escuchar su l...

Orlando

En el último día de diciembre, esta zona de Buenos Aires, recibía una lluvia  de papelitos, desde casi todas las ventanas de los edificios de oficinas.  Era momento de limpiar archivos, cerrar proyectos que nunca se harían, y por sobre todas las cosas, hacerle saber a la ciudad toda, que otro año lleno de energías estaba a punto de iniciarse. Desde la plaza donde muere la avenida, cada vez que los semáforos se iluminaban de verde, los taxis y los colectivos (raro ver un auto particular un treinta y uno) hacían olas sobre ambas veredas, como si el canaval se hubiese adelantado y las fachadas de los edificios debieran cubrirse de papel picado. Habrán pasado treinta o cuarenta años, y los oficinistas más viejos, hoy ya jubilados, les cuentan a sus nietos de las cascadas de hojas oficio partidas en seis u ocho, y de las serpentinas que volaban desde lo alto, dejando atrás infinitos totales y sub totales que fueron armando los balances del año que se estaba yendo.  Los días qu...

Construí tu propio barco

Cada semana, los miércoles o jueves, Juan, el diariero, hacía la recorrida con su bicicleta por esa zona del barrio.  Ahí en lo de Marcos dejaba el Billiken y no lo verían pasar hasta el domingo cuando revoleaba en varias de las casas de la cuadra, el pesado diario del domingo, con sus suplementos y revista incluída.  Yo no sé si en otros lugares pasaría lo mismo, pero pagarle a Juan era un problema.  Todo empezaba con poder pescarlo.  Había que estar atento para escuchar el " Diaaaariioooo" y salir corriendo, aunque la mayoría de las veces ya había pasado y sin Cristo que lo hiciese pegar la vuelta.  Uno se preguntaría ¿y porqué no ibas a pagar al puesto y listo?   La respuesta es sencilla:  No sabíamos cuál es el puesto. En charlas ocasionales de vecinos, siempre estaba el que afirmaba que el puesto era el  de la calle del colectivo, frente al mercadito.  Algo totalmente incomprobale.  Primero que existiera el puesto y en ese caso, que...

Fabuladores de furgón

En el horario de las 00.30, el tren solía venir casi vacío, era muy poca la gente que iba hacia la Capital.  No se me ocurre quién.  Laburantes, no creo.  Quizás alguno que anduvo visitando parientes y lo invitaron a cenar, o vaya a saber quién más.  Yo estaba dentro de la categoría vaya a saber quién más .  En realidad esa noche quería aprovechar  el boleto de ida y vuelta, y si no era este tren, perdía toda oportunidad de viajar gratis. Había subido bien adelante y me puse a caminar un poco, de vagón a vagón.  No lo pensé en su momento pero es lógico, si el motivo del viaje era solamente viajar, había que buscar algo más que contar.  Uno nunca sabe con quién puede encontrarse al bajar y qué preguntas puede recibir. Algo que me llamó la atención es que los carteles de para fumar o no, negros y rojos, no estaban siguiendo un orden como cualquier hijo de vecino esperaría.  Creo que el que dió las instrucciones para que se colocasen. no explic...