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Mostrando las entradas con la etiqueta Notables

Rolando Rivas

Para los que tenemos más de cincuenta, leer el nombre Rolando Rivas, nos dispara de inmediato a una de las primeras historias de amor que desde la tele, nos enganchó a todos, sin distinguir edad ni sexo.  La familia toda esperaba que se hiciesen las 20.30 para ver  como una chiquilina Solita Silveyra, enamoraba a un enrulado taxista,  Claudio García Satur. Todo bien, pero no quiero hablar de ese icónico programa. Había una marca de fuegos artificiales que tenía ese nombre, recuerdo haber visto un cartel pegado sobre una pared, seguramente de esos publicitarios que repartían en quioscos o librerías, los lugares donde siempre se vendían para las fiestas.  Nunca supe a ciencia cierta si ese nombre era un homenaje al trabajador del Siam Di Tella o simplemente, era otro tipo que se llamaba igual. A decir verdad nunca me entusiasmó mucho el tirar cuetes, quizás porque una vez cuando era chico me quemé con uno de esos que eran como fósforos y me explotó en la mano, sin mayo...

Gaby

Y.. viste.  Pareciera que cuando arranca el invierno en esta parte del mundo, los iluminados, los distintos, los predestinados, eligen estos fríos que para que te cuento , para conmovernos a todos, como lo hizo el Die hace treinta y pico de años, redimiendo nuestro honor y poniendo de rodillas al Imperio Pirata. O eligen nacer, señalando que si es con frió de un invierno recién decretado, las cosas van a trascender, ya sea arriba de un auto de carreras o dibujado en una estampita. Me recordaba la efemérides del diario que estos tipos también eligen espichar por estos días, queseyó debe ser una cuestión energética, o quien dice que los recuerdos se nos fijan mejor con las bajas temperaturas (por las dudas eviten el uso del gorrito de lana).  ¿Quién no recuerda el último vuelo del Zorzal, o la final embestida del Potro?.  Ayyy, los recuerdos. El Tipo, no quiso ser menos, entró pechando y, sin pedir permiso, se coló en el Album de figuritas de estos eméritos personajes, infa...

Yo jugué con Diego

Escuchaba no hace mucho, que uno se hace grande, el día que solito, sin que nadie se lo pida, calienta por primera vez la pava, y llena el mate de yerba.  Y se sienta, generalmente en la cocina, solo, y comienza ese rito de  iniciación, con la certeza que ya nada será igual. Algo similar, pasa con el fóbal, uno se recibe de jugador, de esos que pueden pisar con dignidad un potrero, el día que se van a un baldío, solo con una pelota, y se ponen a patear e imitar esas gambetas, caños y chutazos , que se cargan en la mochila de la memoria reciente. Esa tarde, de vaya a saber qué año, vi en Matineé,  un pibe al que lo tenían haciendo jueguitos con una pelota a un costado del Estudio, mientras conducían el programa.  Pude escuchar que se llamaba Maradona y que jugaba para Los Cebollitas , en el mismo campeonato en el que nosotros participábamos en el Deportivo Morón .  Volví a casa, y después de cenar, agarré mi pelota Huevo de avestruz y me dormí con ella, como pa...

Una historia de amor

  Dedicado a Mirta, el amor de mi vida Marzo del ochenta y dos, noche de casamiento del primero de los personajes del barrio que se alistaba en el equipo de los que usaban el anillo de casados. La casa de la calle Saladillo, era grande y tenía un patio donde se podían alinear cómodamente, mesas para todos los invitados.  Y ahí estábamos, todos la barra de amigos, empilchados para la ocasión, disfrutando del catering, que quizás antes de terminar de escribir este relato, me acuerde de qué se trataba Ahí, en ese casamiento tuve la oportunidad de compartir por primera vez algo contigo, como la hermosa canción que cantaba Chico Novarro.  Nos sentamos juntos, y no fue casualidad, sino que recordarás que en un momento yo defendí el sentarme a tu lado.  Tenías una cara de susto!  mucha gente desconocida toda junta, pero buena onda Tenías un par de pantalones y una camisa creo que bordó o azul, y yo me había puesto el traje beige que me había estrenado p...

Un arquero de aquellos!

Esperábamos con mi vieja el colectivo en el lado sur de la Estación de tren de Moreno, casi en la punta, diría que era el primer palo de las paradas.  Un viaje corto, y lo recuerdo porque nunca me gustó mucho andar en micro; a los chicos, que se la pasan tomando leche y comiendo cualquier cosa a cada rato, el zangoloteo no les sienta bien. Bajábamos sobre la ruta y caminábamos un par de cuadras por esa zona hermosa de quintas, donde el aire tiene la frescura y el perfume que solo pueden repetirse en nuestros recuerdos.  Al llegar al fin de la segunda cuadra, ya se veía el chalet de la esquina, el de mi tía Esther, que resaltaba por el cuidado y la prolijidad hasta en el pasto que bordeaba la zanja.  Con rejas sobre las ventanas con forma de rombos, se entraba por la esquina directamente al comedor, amplio, espacioso, de colores claros y muebles oscuros, brillantes, como si recién los hubiesen traído desde hace veinte o más años atrás.  Cruzándolo, se llegaba a la coc...

Agustín

Mi padrino era un Dandy. Nunca me interesé en buscarle el verdadero significado a esa palabra, pero en realidad tampoco me hizo falta, ya que por lo que había escuchado, Agustín se ajustaba perfectamente a su descripción. La pipa, un perro boxer, la pilcha siempre impecable, el peuyó 504 blanco, y la sonrisa generosa, siempre dispuesta a iluminar todo a su paso. Yo quería que se hiciese sábado para esperar su llegada a mi casa de Ituzaingó, aunque si bien lo hacía no muy seguido, cada visita era un regalo indescriptible. Era el fotógrafo de la familia, cada evento importante fue registrado por esa máquina grandota que tenía, pero no era tan importante como esa que me regaló a mi, una Kodak con los flashes en cubitos que servían para cuatro veces. Y como no podía ser de otra manera, su compañera, mi Tía Irma era lo más, yo la quería y lo sigo haciendo con toda mi alma, pero como pasa con la gente a la que uno idolatra, a partir de un día no supe más de ella, y si bien me ...

Amigos

 APara Adri Creí leer por ahí que la energía que nos rebalsa cuando amamos, cuando somos felices, o cuando vivimos, no se pierde, definitivamente se transforma. Como lo enunciara el viejo loco ese, aunque creo que le faltó un Apéndice para referirse a las cuestiones estrictas de nuestro corazón y de nuestra alma. Yo me creí eso, y es por eso mismo que ando siempre buscando la explicación a los fenómenos naturales, alguno me dirá que estoy medio loco, puede ser, pero no me roza, sé que es sólo cuestión de ajustar nuestra visión.  Hace ya muchos días, muchos de verdad, quise pedirte explicaciones, pero no tuve dónde hacerlo, y entonces no me quedó otra que buscarte, ahí dónde solo yo podría encontrarte. Me senté en el cordón de la vereda a esperarte, de noche como siempre, y miré. El cielo, insoportablemente plomizo anunciaba un aguacero de de esos que no se ven en años. Con una claridad que asusta cuando no debería haber luz ni para caminar, se barajan reflejos de luce...

Mi amigo Edu

Y yo tendría diez años y el cambio de colegio me vino sin anestesia; pasar de caminar media cuadra mientras me abrochaba el guardapolvos, a levantarme con la bocina del micro de Don Hugo a una cuadra de casa, porque el colectivo era muy grande y no podía dar la vuelta fácilmente en la puerta de casa.  Todos los días siete menos cuarto se hacía oír, y los vecinos nunca me putearon, es más, los días que no iba al cole, alguien reclamaba que se había quedado dormido Tuve que aprender algo de inglés con Silvia, una profe que vivía enfrente del GEI, y que cada tanto paso por la puerta y no me animo a tocar el timbre.  Música también tenía que dar exámen de ingreso, pero ahí la tenía a Cristina que me desasnó con las cuestiones de los espacios y las corcheas Un día de marzo sería, caí en el edificio que estaba al lado del Castillo de Castelar, y me asignaron el Sexto A, turno mañana, teniendo como mi primer compañero de banco a Edu, el que meses más tarde deslumb...

Alfonsito

Mi barrio apenas tenía unas manzanas, nos encerraba la ruta de aquel lado y la Base de este otro, y quizás por ser chicos no nos íbamos muy lejos; eso definía el barrio.  Además de esos límites naturales, si hacía una cuadra, cruzaba Arena y ya estábamos en el Barrio Seré, y pal otro lado, no se muy bien a cuántas calles, estaba el Barrio Santa Rosa.  O sea que yo vivía en una zona fronteriza, sin un barrio definido, casi podría decirse que teníamos algunos problemas de identidad barrial. Teníamos kiosco, almacén y Escuela, la 50.  Y en la periferia, bicicletería, ferretería, y panadería.  Algún tayer, tiendita y seguramente verdulería. Con esto cubríamos gran parte de las necesidades básicas de entonces.  Pero, no había ni canchita ni club. El tema del fóbal lo resolvíamos jugando sobre la calle de tierra que bordeaba la Base, o sino pateando sobre los frentes de las casas, usando los paraísos como postes de nuestros arcos. Club no teníamos, lo más cerca...