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Mostrando las entradas con la etiqueta Personajes de Itu

Con el buzo amarillo

(Dedicado a mi amigo Fabi) Yo creo que nadie quería ir al arco porque no era una empresa sencilla.  Se enseñaba el oficio de Arquero como quien lo hace con un aprendiz de carpintería o de albañil.   Mi llegada a Itu en el año 67 fue bienvenida por los pibes de mi edad, ya que al tratarse de un barrio muy pequeño, diría que fronterizo  (tres zonas según la Filcar lo rodeaban) aportaba un futuro integrante a los planteles vigentes.  Mejor dicho, esperarían a que le pudiese pegar a la número cinco para por lo menos armar un cabeza. Ante la inexistencia de probos en las porterías , fue que hube de aprender los gajes del oficio, desde una tribuna viendo al memorable Gato Marín, o leyendo notas y reportajes en la Revista Goles.  Y no mucho mas que eso. Así fue cómo las dos primeras cosas que puse en práctica fueron: marcar con el talón de mis botines (supongamos que tenía) sobre la imaginaria línea del  área chica, la posición de ambos palos del arco (o lo q...

Una noche en el Golf

A fines de los setenta cuando estallaba la música disco y los pibes llenaban las pistas de baile de los clubes, salones, y los más grandecitos, los boliches de Ramos y Padua, yo andaba en otra.  Siempre con algún casette TDK de 90 encima para grabar de una cara un disco y del otro lado uno de esos compilados que tanto nos gustaba hacer; el primer antecedente de las playlist.  Yo no tenía grabador para reproducir esas gemas, pero mi Tío Héctor si tenía, y a veces se lo pedía prestado, y muchas otras, se lo tomaba prestado cuando se iba a laburar.  Ese era un radiograbador de esas marcas chinas medio truchas pero que cumplían perfectamente con nuestras expectativas, por lo menos, las mías.  Y a eso de las siete de la tarde pasaban esos programas como el de Badía, o el Tren Fantasma, y siempre podía pescar canciones, que iba pegando en esas cintas, con la particularidad que ningún tema tenía principio, ya que empezaba a grabar cuando escuchaba las primeras notas e ident...

It´s a hurtache (Es una pena!)

Domingo a la tardecita, y ya nos poníamos de acuerdo para salir, no muy tarde, el lunes se trabajaba, pero con todas las ganas y la ilusión de ir en patota a Castelar, al Bowling. Nosotros le damos una importancia especial a esa salida y se notaba en la pilcha, todos nos poníamos lo mejor que teníamos, con perfume y todo. La ocasión así lo ameritaba. Y a eso de las siete, enfilábamos para la Ruta y Arenas, a esperar cualquiera de los dos colectivos que nos arrimarían a la estación de Castelar, donde previo paso por un kiosco para comprar puchos, nos caminábamos un par de cuadras hasta llegar a nuestro destino final. Éramos masomenos diez, y si había alguno que podía hacer la avanzada, se reservaban dos canchas; en tres estaríamos más cómodos, pero siempre había mucha gente los fines de semana. El salón era grande, lleno de mesas enmarcando a la larga barra de tragos, pero a nosotros nos encantaba hacer la previa en las mesas que estaban en el balconcito que miraba hacia las canchas, j...

El Mandarino

Perros, chicharras y algún gallo descolgado eran los intérpretes que le daban música a las siestas de mi barrio, las cuales no eran para dormir, jamás lo hicimos, porque esa atmósfera casi bucólica que se formaba, era ideal para la charla sobre las cosas importantes de la vida.   Teníamos una especial predilección por los árboles, por treparlos y una vez allí analizar ciertos temas, a veces comiendo algún fruto, si justo era época. En abril, por allá atrás de casa, en el baldío que salía a la otra calle, había un inmenso nogal, un árbol imponente, que por su gran tamaño, debe haber sido plantado junto con el loteo de la zona.  Muy dificil era para nosotros calcular qué cantidad de nueces daba cada temporada, pero lo que si teníamos claro era que si nos dormíamos, los vecinos de al lado, nos ganarían de mano, y la torta de mi cumpleaños no tendría ese milenario fruto seco.  Muy dificil de trepar porque las primeras ramas no estaban a nuestro alcance, así que algún vol...

Doña Emilia

- Riqui, andate a lo de Doña Emilia a buscar las sábanas -   Una de las tareas que tenía encomendadas era ir a buscar las sábanas que a falta de Laverap , se la llevábamos a nuestra vecina de la calle Lacarra. Nunca le conocimos marido, ni su historia, pero sabíamos que era la madre de Susana y Emilia, amigas de mis hermanas, o por lo menos conocidas, y de Hugo, que era más grande que nosotros pero por lo menos yo no sabía nada de Él. Tenía una casa de esas tipo chorizo, angosta y llamativamente para mi, de techos bajos,  una característica que había notado en otras casas del barrio, no se si para ahorrar materiales o porque los vecinos no eran muy altos. Era la más vieja del barrio, lo que no significa que fuese la más grande de edad, pero sí, reunía todas las características para ser considerada como tal.  A saber:  Era petisa, muy flaca, de pelo corto y totalmente blanco.  De piel manchada y muy ajada, anteojos chicos y medios sucios.  Delantal...

Zapatero a tus zapatos

Había una vez un lugar dónde la gente llevaba a arreglar sus zapatos cada dos por tres, llamado "lo del zapatero".  En todos los barrios debía haber uno, así como existían ferreterías, almacenes, panaderías, también había un "taller de compostura de calzado", como, años más adelante, los profesionales del márquetin denominarían. Oficio importante el del zapatero por entonces, ya que otro era el consumo de calzado.  Zapatillas solamente para hacer gimnasia los pibes, y algún que otro atleta, pero no mucho más porque se rompían fácilmente. Flecha era la marca casi excluyente, hechas de lona y con suelas de goma o algo parecido.  Las de basket eran Llavetex tipo botitas para que se entienda, y no mucho más; podríamos agregar los botines de fútbol, los Sacachispas eran una especie de zapatilas con tapones, y los que jugaban en serio, no sé de dónde los sacaban pero compraban unos de cuero grueso, medio pesados, Adidas por entonces ni pintaba. Los del campo y los má...

El Tano Milano

El primer regalo que recuerdo haber recibido en Ituzaingó, fue un camión volcador Duravit, para  Reyes calculo que sería el año 67, pero después, según mi memoria, me regalaron mi primer bici, una de hombre, como correspondía, con el caño que atraviesa recto desde el manubrio hasta el asiento.  Azul noche, y con rueditas, y no muchos datos más tengo. Calle de tierra la mía, mi pista de aprendizaje fue la vereda de casa, y el circuito era llegar hasta la esquina de la base y volver, con la dificultad que me  ofrecía la subidita entre mi vereda y la de los vecinos.  Creo que aprendí a manejarla rápido, y recuerdo una vez que casi llegando a Saladillo, me pegué flor de porrazo y me raspé todas las piernas.  Heridas de guerra. Algunos años más tarde cambié de modelo porque me compraron una Legnano plegable color azul eléctrico, la que ya me hacía jugar en las Ligas Superiores.  Durante años fue una prolongación de mi cuerpo ya que era la única forma que qu...

Los chetos de Hotty´s

En la época en la que "teníamos que ir a tomar algo", en mi caso a los dieciséis años, mi lugar preferido era FreePort en Castelar, un bar que estaba en el primer piso de la esquina más importante de esa City, Carlos Casares y Arias . Su entrada era una puerta de vidrio con el nombre del boliche puesto con un  calco (no creo que plottearan en esos tiempos) y al abrirla se veía la escalera que llevaba directamente al salón.  Era grande, tenía un par de barras, un pequeño living, o mejor dicho unos silloncitos que hacían las veces de, y lo más lindo eran los grandes ventanales que por las  noches enmarcaban a ese lugar icónico, casi casi que podríamos decir que era un faro en nuestra adolescencia.  Ahí recuerdo haber ido a un casamiento, a un par de recitales (Yuelze seguro), y a veces los sábados pasaban películas en una pantalla que improvisaban, pero como no estaba muy organizado por lo que recuerdo, se terminaban viendo esas que les decían de clase B o C queseyó,...

El Francés

Había escuchado en Telenoche que los franceses eran los capos en hacer perfumes, que desde siempre había grandes laboratorios de tipos con guardapolvos blancos que mezclaban distintas fragancias y creaban esas fragancias que recorrían el mundo, como por ejemplo la colonia Polyana.  Yo nunca fui de usarlos pero mi tío Héctor tenía un par, Old Spice rojo, y Crandall, seguro porque cuando se iba a laburar a veces se los agarraba y me ponía un poco para ver cómo era andar por la vida emperfumado. Alguna tardecita en el cordón de la esquina debo haber comentado "los franceses son los únicos que hacen perfumes, como nosotros plantamos trigo, y los holandeses tienen vacas lecheras" - Claro, mi vecino El Francés hace eso, ¿a qué otra cosa podría dedicarse? - comentó Tony mientras terminaba el pan que había guardado de la merienda -  Pero, ¿tu vecino tiene una fábrica? - le pregunté asombrado -  No, mucho mejor.  Él en el terreno de la casa planta flores y las mezcla...