Entre las múltiples historias sobre personajes de la ciudad de Buenos Aires, recuerdo la de "El tipo que silbaba". El origen de este relato es incierto para mi; no me queda claro si lo escuché en una charla de café, en algo que leí por ahí, o si forma parte de esa maraña de recuerdos compartidos con ocasionales compañeros de ruta. Lo curioso es que, al intentar buscar más información, las respuestas suelen ser vagas o cargadas de una indiferencia que sugiere que todos saben de qué se trata, pero nadie quiere meterse con este tema. Dicen que en un barrio de Buenos Aires, quizás Monserrat o San Telmo, en una cortada de existencia incierta llamada Pasaje San Edmundo , a veces pasan cosas. A la hora de la siesta, más precisamente entre las tres y media y las cuatro menos veinte, el entorno se transforma: los ruidos urbanos —bocinas impacientes y traqueteos de gomas infladas de más— se apagan, el cielo se nubla o es el pasaje el que se ensombrece, eliminan...