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Mostrando las entradas con la etiqueta El mundo de Yael

Dardo "el Pescado" - 7. Los Ramones

Ramón Luna era el mayor de tres hermanos.  Ocupaba una casita baja en el fondo del terreno familiar en Villa Celina. Compraba y vendía autos y alguna que otra moto que ofertaba al costado de la autopista, y casi siempre se lo veía por las tardes con una de esas sillas plegables y una mesita.  Él y sus hermanos empezaron a hacerse conocidos hace un par de años en Los Sapitos, y rápidamente trascendieron ese barrio, hasta acercarse al mismísimo Once.  Y ultimamente se los vió varias veces merodeando la zona "fiscalizando" los campeonatos de penales que todos los sábados se hacían en las canchitas de los distintos barrios " Ramón, estate atento.  En cualquier momento vas a tener baile, y vos sabés que cuando hay baile, hay que bailar"  .  El mensaje entró al teléfono de Ramón, quien se levantó sus anteojos oscuros onda Lenny Kravitz para poder leerlo.  Una camioneta verde paró frente a los autos estacionados sobre el pasto, y el hombre se paró y saludó c...

Los Murgueros

La calle paralela a la avenida donde estaba el súper chino, tenía varios negocios chicos, especialmente la cuadra que estaba detrás. De veredas húmedas, tal vez porque miraban hacia el sur de la ciudad, sumado al agua que siempre corría junto al cordón y que los colectivos se encargaban de desparramar.  Una dietética, un almacén, una casa de sellos y fotocopias, y llegando a la esquina, antes del maxikiosco, una tintorería de esas 5 a sec . Yael iba pateando una cebolla, despacito como para que llegara hasta la esquina sin caerse a la calle.  Mientras tanto se imaginaba como explicar en su casa el haber llegado tan temprano cuando debería estar en el puesto de la verdulería, en ese momento. Desistió volver a casa tan rápido y al llegar a Araujo, dobló hacia la derecha, como yendo hacia el parque.  Siempre que podía se daba una vuelta por allí con la esperanza de que lo invitaran a participar de un picado.  Dentro de su imaginación también estaba la respuesta que darí...

Miguelito y el gato

  - Oiga Don ¿Me puedo llevar dos mandarinas?  Son para mi mamá,  hoy es su cumpleaños -  -  Si.  Te espero mañana a las nueve.  No falles, Jonatan  - Así lo despidió el Tío de Yael -  No señor -  Miguelito agarró dos de las más pintonas y las puso, una en cada bolsillo, y como si tuviese un peso extra, salió con su bicicleta parado arriba de los pedales rumbo al barrio nuevamente.  Cruzó la avenida casi por la mitad sin respetar semáforos ni nada, y así como venía llegó a la esquina y dobló tomando cada vez más velocidad.  Hizo unas cuantas cuadras y dejó su bicicleta tirada sobre unos pastos de lo que alguna vez supo ser una vereda de césped.  Se sentó a su lado y mientras pelaba la primera de las dos mandarinas, pensaba  "  Me revienta que me digan Miguelito!  Yo no soy uno de los clavos que rompen las ruedas! .".  Tenía el ceño fruncido como si el sol le estuviese dando de lleno en la cara, pero no...

Yael

Siempre me llamaron la atención las fachadas de este tipo de supermercados, muy simples, casi una marca registrada.  De paredes bien altas, pintadas siempre a un color nada estridente pero bien prolijitas.  Sin carteles que señalen su nombre o su actividad, yo supongo uqe para ahorrar un manguito, total cuando ponen un chino, en seguida el barrio se entera.  Y portones de varias hojas, con rejas por fuera, pero abiertas como para que uno pueda salir con las bosas y alguien que ayude, y nada más. Entrando sobre la derecha, a veces estaba Yael, casi encerrado entre cajones que ofrecían tomates cherries y bananas de Ecuador, y una heladera de esas que tienen todo un vidrio empañado, donde guardan verduras frescas.  A la tarde era un problema, nunca llegaba a las cinco como prometía el cartelito que le había hecho poner la china, y que era motivo suficiente de reclamo cada tarde.   Cualquiera que fuese testigo, no entendería porqué no discutían en castellano, a...