Ir al contenido principal

Doña Emilia

- Riqui, andate a lo de Doña Emilia a buscar las sábanas -  
Una de las tareas que tenía encomendadas era ir a buscar las sábanas que a falta de Laverap, se la llevábamos a nuestra vecina de la calle Lacarra.
Nunca le conocimos marido, ni su historia, pero sabíamos que era la madre de Susana y Emilia, amigas de mis hermanas, o por lo menos conocidas, y de Hugo, que era más grande que nosotros pero por lo menos yo no sabía nada de Él.
Tenía una casa de esas tipo chorizo, angosta y llamativamente para mi, de techos bajos,  una característica que había notado en otras casas del barrio, no se si para ahorrar materiales o porque los vecinos no eran muy altos.
Era la más vieja del barrio, lo que no significa que fuese la más grande de edad, pero sí, reunía todas las características para ser considerada como tal.  A saber:  Era petisa, muy flaca, de pelo corto y totalmente blanco.  De piel manchada y muy ajada, anteojos chicos y medios sucios.  Delantal siempre puesto por sobre esos vestidos de flores chiquititas y de colores gastados, por no decir viejos.  Conocedora de todos los pormenores y por mayores del barrio, una especie de cura confesor sin sotana, y lo más importante: acreedora de poderes que rozaban lo sobrenatural. Un típico personaje de Manual del Barrio.

Las bicis estaban sobre el pasto de la esquina, algo importante había pasado.  Me bajé, dejé la mía apoyando el pedal en el cordón de la esquina de Saladillo y Mburucuyá, y pregunté - ¿Qué pasó? -
Carlitos hizo una seña como para que no hablemos alto - Hoy cuando íbamos para la panadería vimos en la puerta de la casa del Don Victor, dos sapos, panza arriba, con una cruz de tela adhesiva sobre cada uno de ellos. -  Me senté en el cordón y puse cara de pensar, yo era el más chico y no podía aportar muchas soluciones.  
-  Una vez escuché en la tele que así hacen las brujerías - Dijo Tony, rascándose la cabeza
-  ¿Podemos averiguar algo, qué hace o para que sirve? - el Gallego por primera vez en la semana decía algo masomenos sensato
-  Yo hace un tiempo, cuando estaba en el almacén de Don García, escuché que el perro que tenía Don Victor, no era sino el Demonio hecho animal sobre la tierra - Cilla sentenció con cara de experto en el tema
A mi me agarró un poco de miedo, cada vez que se ponían a hablar de esas cosas, yo a la noche soñaba cosas feas, pero no podía decir mucho, me la tenía que aguantar.  -  Y los sapos esos ¿serán para que el perro se asuste y se vaya? - dije interesándome en el tema
-  No creo - contestó Cilla - Si el perro está poseído, con dos sapos no hacemos nada - 
- uhhhh - fuimos todos juntos
-  Algo hay que hacer - Carlios frunció el ceño, y miró hacia el cielo como  buscando una respuesta
-  Ya sé - Fabi, con su cara de ya-tengo-la-so-lu-ción  pegó un salto y nos sorprendió a todos - Vayamos de la Vieja - 
- ¿Qué vieja? - 
- Doña Emilia - 
-  Ahhh -
Guardamos las bicis, y todos en fila, marchamos a la vuelta a hablar con nuestra vecina centenaria (por lo menos para nosotros tenía cien años)  El Gallego era el más grande de edad pero como era chiquito, no imponía respetom entonces el encargado de hablar era Carlitos, el segundo en la sucesión de mando.  Allá salimos, yo por las dudas llevaba la pelota bajo el brazo, uno nunca sabe.  Tony tenía un paquete de masitas, porque estas situaciones de ansidad lo requerían, y el Gallego, como siempre, con los puchos en la mano
-  Señoraaaaa! - Golpeando las manos, hicimos el llamado entre todos
- ¿Qué quieren? - Se abrió apenas un postigón de -madera de una de las ventanas, y la voz se escuchó, no muy amigable
-  Doña Emilia, somos nosotros (sic), es algo importante - Carlitos ya era el dueño de la situación. La puerta de madera verde claro se abrió, y sin asomarse, hizo una seña para que pasáramos.  Nos miramos para ver si era para Carlitos el permiso o para todos.  Nos mandamos todos, total....
-  ¿Qué pasó chicos? -
Nuestro interlocutor contó rápidamente lo que había visto y consultó acerca de su significado
- Tengo que ver los sapos ¿Me pueden traer uno? -  Al escucharse la respuesta, todas las miradas se posaron sobre mi, y por primera vez me sentí protagonista de la película que no hubiese querido encabezar
-  Ehhhh, a lo mejor no están mas... - No hubo acotaciones y entendí que iba o iba.  Y me fuí de una corrida.  De pasada tomé la tapa de un tacho de basura, y una rama de paraiso que había quedado de la poda.  Los sapos estaban llenos de moscas, uno medio reventado, seguro lo habían pateado.  Quería saber si tenía que llevar a los dos o con uno alcanzaba, pero estaba solo, nadie a quién consultar. Puse los dos como pude arriba de la lata y teniéndolos con el palo, volví despacito hasta la vuelta.  Los dejé en la puerta, me estaban esperando.  Doña Emilia se acercó, todos detrás de Ella mirando, movió a uno con un dedo que se limpió en su delantal y con voz firme dijo - Brujería! -  Nos miramos todos con cara de susto!  yo ya había dicho que aflojaran con estas cosas porque a la noche después soñaba, pero estaba allí, y me quedé al lado de Fabi.
-  Alguien está haciendo un trabajo, ¿hay perro en esa casa? - preguntó con preocupación
-  Si - dijimos en voz baja al unísono
-  Ayyyy mi madre!  Hay que actuar rápido, ese perro no puede estar más en esa casa -
-  ¿Y qué hacemos? - 
-  A más tardar hoy a la noche suelten al perro - Y se metió en la casa.
Nos volvimos en silencio hasta la esquina, nos sentamos en el cordón y trazamos un plan (porque escuchamos que los planes se trazaban).  A la hora de cenar el gallego haría ruido en la calle, entonces Fabi saldría a ver  y en ese momento se metería por el agujero que hay en la esquina del alambre, y agarraría al perro salchicha de Don Victor, y lo largaría a la calle.  Con eso salvaríamos vaya a saber cuántas vidas!

Esa tarde mi mamá volvió temprano de trabajar, - Riqui, ¿fuiste a buscar las sábanas de Doña Emilia? - 
-  Uyyy miolvidé! - 
-  Pero qué cabeza!  Bueno ahora voy yo, de paso le pago, que le debo dos semanas - 
Me quedé en casa, seguro que después venía el reto, mejor no iba a ningún lado.  Prendí la tele

-  Doña Ana ¿Cómo le va? -
-  Bien, haciendo los mandados que Riqui se olvida, no sé en qué anda pensando! - 
-  Ahhh, Riqui, hoy lo ví, vino por acá con los chicos del barrio, jajaja - 
-   ¿De qué se ríe? - preguntó mi mamá
-  Les pegué un susto bárbaro, por unos días van a estar tranquilos.  Les hice creer que habían hecho una brujería con unos sapos!  Pobres chicos, si hubiese visto las caras de terror que tenían! -
-  Doña Emilia, Usted nunca pierde el sentido del  humor.  ¿Cuántos años cumple, más de noventa? - 
-  Yo no fui a la escuela, no se contar -   Y con la sonrisa de siempre, despidió a mi mamá


Riqui de Ituzaingó 










Comentarios

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Querido diario

Querido diario: Es raro estar escribiendote esto después de tantos años.  Ni quiero hacer la cuenta!  Es que ya había olvidado tal vínculo diario contigo, y conmigo obviamente.   Aún persiste mi asombro.  No sé si estás al tanto, pero de manos de quién menos lo esperaba, apareciste nuevamente, en medio de un par de libros de Asimov, y El Gráfico del 86, que mostraba la copa en lo alto, tanto en la tapa como en la contratapa. Cualquiera en mi lugar se hubiese sumergido dentro tuyo, buscando algún tesoro, en medio de tan desteñidas y ajadas hojas.  Pero no es mi caso.  De inmediato, busqué una Bic trazo gruso, y sin que la melancolía me ganase, apoyé tus tapas sobre mi escritorio y, aquí me ves, dispuesto a continuar con aquello que tuvo una pausa de apenas cuarenta y pico de años. No sé por donde arrancar, es que llegaste sin avisar, y no creo estar preparado para la ocasión.  Dejame recordar un poco ... Durante todos estos años me crucé con escrit...

Buenos Ayres

Nací en los sesenta en Mataderos, barrio porteño, si los hay.  Llamado en un momento el Arrabal, la puerta de atrás de mi ciudad.  Claro, todos llegaban en barcos a La Boca, allá lejos, en la otra punta.  Pero mis calles fueron la entrada de los que venían en carretas, a caballo, ahí dónde se recibía el ganado, con destino final, los mataderos y saladeros.  Vaya a saber por dónde estarían. Pero esa gran puerta trajo también, una parte importante de la materia prima que fue formando el carácter del Porteño.  Si por el Riachuelo entró el lunfardo y el Tango, en las valijas de nuestros abuelos, por estos lares recibimos el mate, las milongas, el asado. Es cierto, me fuí del barrio, a mis cinco años, pero jamás perdí la identidad que corre por mi cuerpo y que me hace estremecer cada vez que escucho algún compás del fuelle de Piazzolla. Y si digo Astor, mil veces caminé por Callao, buscando esa bendita vidriera, y me di cuenta que al final de cuentas, fue siempre una...

Yo vi jugar al 10

Había un programe en la tele, creo que en el año 73, que duraba toda la tarde.  Quizás era Matineé, donde estaba la Tía Valentina.  Un día llevaron a un pibe que jugaba en las inferiores de Argentinos Juniors, los famosos Cebollitas.   Esos programas tenían un poco de todo, se daban de lunes a viernes después de almorzar, y estaban hechos para acompañar.  Era usual por entonces, que las mujeres no trabajaran fuera de la casa, sino se dedicaban al laburo del hogar, y la pesada crianza de los chicos (nunca menos de dos).  Entonces la tele siempre estaba encendida, como para que fuesen más llevaderas, las tares hogareñas. El pibe en cuestión, estaba en un costado de la imágen haciendo jueguitos con la pelota (hoy freestyling).  Era algo simpático para ese programa, pero no para mi.  Al otro día fuí corriendo a contarle a los chicos de mi equipo, Los Leones, que había visto en la tele a uno de los Cebollitas, y que si nosotros avanzábamos en el campeo...