Ir al contenido principal

Buenos Ayres

Nací en los sesenta en Mataderos, barrio porteño, si los hay.  Llamado en un momento el Arrabal, la puerta de atrás de mi ciudad.  Claro, todos llegaban en barcos a La Boca, allá lejos, en la otra punta.  Pero mis calles fueron la entrada de los que venían en carretas, a caballo, ahí dónde se recibía el ganado, con destino final, los mataderos y saladeros.  Vaya a saber por dónde estarían.

Pero esa gran puerta trajo también, una parte importante de la materia prima que fue formando el carácter del Porteño.  Si por el Riachuelo entró el lunfardo y el Tango, en las valijas de nuestros abuelos, por estos lares recibimos el mate, las milongas, el asado.

Es cierto, me fuí del barrio, a mis cinco años, pero jamás perdí la identidad que corre por mi cuerpo y que me hace estremecer cada vez que escucho algún compás del fuelle de Piazzolla.

Y si digo Astor, mil veces caminé por Callao, buscando esa bendita vidriera, y me di cuenta que al final de cuentas, fue siempre una escusa para disfrutar de sus anchas veredas, silbando con las manos en mis bolsillos.

Ni que hablar de la notable Avenida de Mayo, la que una parte de sus baldosas fueron quedando en las suelas de mis zapatos, de tanto patear de aquí para allá.  Recién me doy cuenta que fueron décadas, las que pasaron desde las úlrimas caminatas.  Debería retomarlas.  ¿Estarán aún las cigarrerías?  ¿Y los mozos que peinaban gomina?, ¿Habrán dejado apiladas por ahí, las bandejas de acero inoxidable?  El Tortoni, el London City.  Me haría feliz estar escribiendo esto sobre la fórmica de alguna de sus mesas.

Buenos Aires.  Los plátanos y fresnos de Floresta.  Las librerías de ofertas de Primera Junta.  El centenario adoquinado de San Telmo, las Iglesias de Monserrat, las casonas de Villa del Parque. 

A veces creo que vivir fuera de ella, me permite extrañarla, recordarla, e ir modelando mis recuerdos según mi estado de ánimo.   En mi imaginación todo es posible.  Florida puede verse espléndida y llena de vida al sol. El obelisco mostraríase envuelto por los siete colores del arco iris.  Libertador tendría no uno sino mil túneles.  Aeroparque sería la Estación termial de Globos y Zeppelines.

Quiero a mi ciudad, ¿la más linda del mundo?  Y ¿porqué no?


Riqui de Ituzaingó

https://open.spotify.com/intl-es/track/2my7K20Fv5OtE27cjG9sfu?si=10681681afff46ef



Comentarios

  1. Hermosa descripción de la Ciudad... La Ciudad mas linda del mundo... Mi amada Ciudad de Buenos Aires...
    Yo también nací en Mataderos y una vez mi hija me hizo pasar por la cuadra de nuestra casa y lo único que habían cambiado era la puerta pero la puerta de al lado está igual, me emocioné al verla.
    Ana Lidia Pagani 💖🥰

    ResponderBorrar
  2. Qué buen relato,yo en la distancia,muchas veces,regreso en mis sueños,al despertar me siento:cómo haber vuelto a la infancia

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Querido diario

Querido diario: Es raro estar escribiendote esto después de tantos años.  Ni quiero hacer la cuenta!  Es que ya había olvidado tal vínculo diario contigo, y conmigo obviamente.   Aún persiste mi asombro.  No sé si estás al tanto, pero de manos de quién menos lo esperaba, apareciste nuevamente, en medio de un par de libros de Asimov, y El Gráfico del 86, que mostraba la copa en lo alto, tanto en la tapa como en la contratapa. Cualquiera en mi lugar se hubiese sumergido dentro tuyo, buscando algún tesoro, en medio de tan desteñidas y ajadas hojas.  Pero no es mi caso.  De inmediato, busqué una Bic trazo gruso, y sin que la melancolía me ganase, apoyé tus tapas sobre mi escritorio y, aquí me ves, dispuesto a continuar con aquello que tuvo una pausa de apenas cuarenta y pico de años. No sé por donde arrancar, es que llegaste sin avisar, y no creo estar preparado para la ocasión.  Dejame recordar un poco ... Durante todos estos años me crucé con escrit...

Yo vi jugar al 10

Había un programe en la tele, creo que en el año 73, que duraba toda la tarde.  Quizás era Matineé, donde estaba la Tía Valentina.  Un día llevaron a un pibe que jugaba en las inferiores de Argentinos Juniors, los famosos Cebollitas.   Esos programas tenían un poco de todo, se daban de lunes a viernes después de almorzar, y estaban hechos para acompañar.  Era usual por entonces, que las mujeres no trabajaran fuera de la casa, sino se dedicaban al laburo del hogar, y la pesada crianza de los chicos (nunca menos de dos).  Entonces la tele siempre estaba encendida, como para que fuesen más llevaderas, las tares hogareñas. El pibe en cuestión, estaba en un costado de la imágen haciendo jueguitos con la pelota (hoy freestyling).  Era algo simpático para ese programa, pero no para mi.  Al otro día fuí corriendo a contarle a los chicos de mi equipo, Los Leones, que había visto en la tele a uno de los Cebollitas, y que si nosotros avanzábamos en el campeo...