Ir al contenido principal

Tema uno ...

- Buenas tardes

- Buenas tardes profesora -  Sin mucho entusiasmo, los alumnos del Quinto año de la modalidad Gestión, saludaron a la profesora Beatriz.  Sus clases se caracterizaban por no ceñirse a las normas clásicas de enseñanza en un colegio secundario, sino por incorporar frecuentemente temas o actividades que desconcertaban a sus alumnos.  Recuerdan la oportunidad en la que les pidió a sus alumnos que respondieran un cuestionario utilizando frases extraídas de canciones, justificando la elección con un breve análisis de la letra del tema.  Muy comentada fue la vez en  la que las pruebas debían ser escritas con la mano no hábil de cada uno, obligándolos a ser muy concretos en los conceptos vertidos ante la dificultad inesperada.  Pero así como exigía a sus alumnos, también les brindaba la oportunidad de evaluar a la profesora.  Con alguna frecuencia, les daba temas en los que los alumnos de a uno, le tomaban exámen a ella, y el resto de sus compañeros calificaban con nota a sus compañeros y también a Beatriz.

-  Como les anticipé el lunes pasado, hoy vamos a tener una evaluación en donde deberán utilizar todos los conocomientos que han aprendido.  Al no haberles dado algún temario en especial, podrán tener acceso a libros, apuntes y también tendrán la posibilidad de consultarse entre ustedes.

Cada vez que se daban estas situaciones de evaluaciones atípicas, el silencio era total, aunque sus alumnos ya entendían que lo que la profesora buscaba, no era otra cosa que un compromiso con este período tan importante que es el ciclo secundario.  Aunque más no sea, una hora por semana.

La profesora repartió las dieciocho hojas, para sus alumnos y les dijo: -  Como verán cada hoja tiene una pregunta y una respuesta de exámenes que durante el año han respondido alguno de sus compañeros.  En su momento las califiqué como malas esas respuestas por no ajustarse al criterio que yo di, a partir de los libros de texto sugeridos y a mi explicación.  Pero, yo no soy la dueña de la verdad. Tienen una hora para, o confirmar que la reprobación fue justificadad (fundamentando el porqué),  o para objetar mi corrección, explicando la otra mirada sobre el tema del exámen anteriormente corregido.

-  Profesora, mi hoja está en blanco! - dijo Sergio J.

-  Ah bueno.  Es que sólo llegué a armar 18 hojas, me faltó una

- ¿Y qué hago entonces?

-  Haga su propio exámen -  dijo Beatriz, y prosiguió:  -  Aquellos que justifiquen por bien o por mal la  corrección de la pregunta tienen un 40 como nota, que será promediada con las diez notas de los exámenes del año.  Y si logran justificar como buena una respuesta reprobada de uno de sus compañeros, ese 40 también le vale a él.  Listo, les quedan 55 minutos de reloj!.

Los primeros diez minutos transcurrieron en calma, cada uno leyendo y releyendo su exámen, que no tenía, entre pregunta y respusta más de diez lineas.  Pero al darse cuenta de la dificultad del desafío, comenzaron a consultarse, yendo de banco a banco. Se daban situaciones diferentes, aunque en síntesis estaban, los que sabían por haber estudiado, o los que no tenían ni idea, por haber navegado el año a la deriva con la materia.  Estos últimos, los menos, por cierto.  El exámen obligaba a la consulta, o la validación de conceptos, muchas veces con mini debates de a tres o de a cuatro.  Pero era dificil poder calcular los tiempos que se dedicaban entre si, sin perder de foco su propio exámen.  Tres alumnos, Carlos M., Alejandro F. y Adrián M. habían desistido de su propio exámen, por no haber estudiado lo suficiente como para afrontar una prueba como esta.  Pero al ver el empeño de sus compañeros cada uno tomó un rol diferente.  

Carlos M.  comenzó a anotar en un cuaderno los nombres de cada compañero y la situación actual de su respuesta.  Como todos optaron por debatir las respuestas, muchos veían pasar los minutos trabajando para los otros sin reservar  los minutos para si mismo. Y como un director técnico fue con el reloj en mano tratando de que no se pasen queden sin tiempo para su propio trabajo.

Alejandro F.  con varios libros en la mano, era el asistente técnico de todos los grupos, buscando definiciones, contextos  y validando la veracidad de lo que a la memoria se le ponía en duda.

Adrián M. aprovechando su velocidad y su clara caligrafía, se ofreció para ir redactando lo que iban concluyendo cada uno de los grupos, dándoles la posibilidad de corregir una y otra vez, escribiendo en borrador y luego pasando el trabajo a una hoja definitiva.

Sergio J.  miraba toda la escena, pasaba por entre los bancos, como si fuese el profesor.  Se detenía, escuchaba, y se acercaba a otro grupo, sin hacer comentarios.

-  Vayan terminando, en cinco minutos retiro las hojas -  Beatriz miró la clase por encima de sus lentes de cerca, sentada en su escritorio, leyendo una novela, regalo de una de sus hijas para el cumpleaños.

Sergio J.fue rápido a su escritorio, y comenzó a escribir su exámen, le quedaban cinco minutos, sumado a lo que Beatriz demose en recoger todas las hojas, y quizás algo más.

-  Bien.  Por lo que veo todos han hecho su exámen, y creo que el resultado será bueno, sin excepeciónes -  dirigiendo su mirada a Alejandro F con una sutil sonrisa.

El timbre sonó, ella juntó todas las hojas, su cartera, los lentes y la novela.  -  Hasta la próxima semana!

Diez minutos más tarde, entró al aula Eduardo, el profesor de matemática. Saludó y les dijo a sus alumnos :  -  La profesora Beatriz me encomendó que les leyera algo, y si hacen silencio  lo voy a hacer ahora, antes de comenzar con la última clase del día

La verdad es que no se muy bien de qué hablar en este, el último exámen de la materia.  Creo que si me califican mal, igual zafo con el promedio.  Asi que voy a aprovechar este espacio para contar lo que me parece fue este año, y especialmente esta materia.

No se si realmente aprendimos mucho de historia, botánica o geometría.  No tengo la certeza de que nos llevemos en nuestra cabeza más información que la que podamos encontrar en un libro o en  una enciclopedia, y porqué no, en el cine.  Cumplimos un horario durante cinco años, todos los días.  Vinimos vestidos con un uniforme, y hasta nos objetaron el largo de nuestro  pelo.  Todas cosas que creo, no hacen mucho a nuestra formación.

Pero a mi entender, y creo que mis compañeros piensan como yo, el balance es más que positivo.  Salimos de esta escuela secundaria, la que en unos días la veremos en fotos, mejores personas, y lo que realmente aprendimos, y creo que es el verdadero sentido de este tramo de nustra educación, es a vivir en sociedad con valores que se nos fueron haciendo carne de tanto ponerlos en juego y defenderlos, aunque por suerte, en nuestro curso, casi que no hizo falta.

Hoy el exámen que nos tomó la profesora Beatriz, no fue sobre temas del programa de su materia.  Hoy quiso que le mostráramos que habíamos aprendido a convivir, poniendo sobre la mesa esos valores que la primera clase nos mencionó.  Solidaridad, humildad, sinceridad.  Y también lo bueno del trabajo en equipo.

Yo no tengo dudas que el resultado de la evaluación fue muy bueno , inclusive para los tres que presentaron la hoja en blanco.  

Carlos será sin dudas un gran coach de grupos, como nos contó alguna vez, quiere ser.  Alejandro es una de las personas más buenas que conozco y a lo que se quiera dedicar, le irá bien, porque a los buenos siempre les va bien.  Y Adrián, será seguramente un artista plástico de excepción, nadie como él para dibujar o pintar

Tengo que entregar.  Este fue mi exámen.  No se me ocurrió otra cosa.

Firmado: Sergio J."

-  Ah, y para terminar -  dijo Eduardo -  me dijo la prefesora Beatriz, que está orgullosa de ustedes.  Y como ella es muy respetada en sus opiniones y dichos, yo me sumo y les digo que Yo también siento lo mismo.


Riqui de Ituzaingó












  

Comentarios

  1. Qué bueno Ric! Serías un buen Profe, de esos que se recuerdan siempre

    ResponderBorrar
  2. Muy buena lección de compañerismo y solidaridad para con sus compañeros 💞 Ana Lidia Pagani

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Querido diario

Querido diario: Es raro estar escribiendote esto después de tantos años.  Ni quiero hacer la cuenta!  Es que ya había olvidado tal vínculo diario contigo, y conmigo obviamente.   Aún persiste mi asombro.  No sé si estás al tanto, pero de manos de quién menos lo esperaba, apareciste nuevamente, en medio de un par de libros de Asimov, y El Gráfico del 86, que mostraba la copa en lo alto, tanto en la tapa como en la contratapa. Cualquiera en mi lugar se hubiese sumergido dentro tuyo, buscando algún tesoro, en medio de tan desteñidas y ajadas hojas.  Pero no es mi caso.  De inmediato, busqué una Bic trazo gruso, y sin que la melancolía me ganase, apoyé tus tapas sobre mi escritorio y, aquí me ves, dispuesto a continuar con aquello que tuvo una pausa de apenas cuarenta y pico de años. No sé por donde arrancar, es que llegaste sin avisar, y no creo estar preparado para la ocasión.  Dejame recordar un poco ... Durante todos estos años me crucé con escrit...

Buenos Ayres

Nací en los sesenta en Mataderos, barrio porteño, si los hay.  Llamado en un momento el Arrabal, la puerta de atrás de mi ciudad.  Claro, todos llegaban en barcos a La Boca, allá lejos, en la otra punta.  Pero mis calles fueron la entrada de los que venían en carretas, a caballo, ahí dónde se recibía el ganado, con destino final, los mataderos y saladeros.  Vaya a saber por dónde estarían. Pero esa gran puerta trajo también, una parte importante de la materia prima que fue formando el carácter del Porteño.  Si por el Riachuelo entró el lunfardo y el Tango, en las valijas de nuestros abuelos, por estos lares recibimos el mate, las milongas, el asado. Es cierto, me fuí del barrio, a mis cinco años, pero jamás perdí la identidad que corre por mi cuerpo y que me hace estremecer cada vez que escucho algún compás del fuelle de Piazzolla. Y si digo Astor, mil veces caminé por Callao, buscando esa bendita vidriera, y me di cuenta que al final de cuentas, fue siempre una...

Yo vi jugar al 10

Había un programe en la tele, creo que en el año 73, que duraba toda la tarde.  Quizás era Matineé, donde estaba la Tía Valentina.  Un día llevaron a un pibe que jugaba en las inferiores de Argentinos Juniors, los famosos Cebollitas.   Esos programas tenían un poco de todo, se daban de lunes a viernes después de almorzar, y estaban hechos para acompañar.  Era usual por entonces, que las mujeres no trabajaran fuera de la casa, sino se dedicaban al laburo del hogar, y la pesada crianza de los chicos (nunca menos de dos).  Entonces la tele siempre estaba encendida, como para que fuesen más llevaderas, las tares hogareñas. El pibe en cuestión, estaba en un costado de la imágen haciendo jueguitos con la pelota (hoy freestyling).  Era algo simpático para ese programa, pero no para mi.  Al otro día fuí corriendo a contarle a los chicos de mi equipo, Los Leones, que había visto en la tele a uno de los Cebollitas, y que si nosotros avanzábamos en el campeo...