Querido diario:
Es raro estar escribiendote esto después de tantos años. Ni quiero hacer la cuenta! Es que ya había olvidado tal vínculo diario contigo, y conmigo obviamente.
Aún persiste mi asombro. No sé si estás al tanto, pero de manos de quién menos lo esperaba, apareciste nuevamente, en medio de un par de libros de Asimov, y El Gráfico del 86, que mostraba la copa en lo alto, tanto en la tapa como en la contratapa.
Cualquiera en mi lugar se hubiese sumergido dentro tuyo, buscando algún tesoro, en medio de tan desteñidas y ajadas hojas. Pero no es mi caso. De inmediato, busqué una Bic trazo gruso, y sin que la melancolía me ganase, apoyé tus tapas sobre mi escritorio y, aquí me ves, dispuesto a continuar con aquello que tuvo una pausa de apenas cuarenta y pico de años.
No sé por donde arrancar, es que llegaste sin avisar, y no creo estar preparado para la ocasión. Dejame recordar un poco ...
Durante todos estos años me crucé con escritoras y escritores de diarios, los que coincidían en que, ese espacio de cada día, no era otra cosa que dejar constacia de la interpretación que cada uno hacía de lo que les sucedía, y que no era cuestión de andar ventilándo por ahí. No fue ese mi caso. Queseyó, nunca le presté mucha atención a lo que pasaba ahí afuera. Bah, si, pero lo suficiente como para no andar a los tumbos por la vida. Muy adolescente lo mío. Y si, no te olvides que pasaron mil años, época de acné y de comprar puchos sueltos en el quisoco de la ruta.
Pero hay algo que rescato y que creo que se mantiene intacto: este espacio fue y sigue siendo, un lugar en dónde mi imaginación pueda tomar vuelo, y desembarcar en el reino de la fantasía.
Sin darme cuenta, a partir de tu ausencia, extendí este espacio en las redacciones que nos pedían en el Colegio. Más tarde, cuando no había papel por delante, las historias fueron compartidas oralmente, algo que aún disfruto cuando la ocasión lo amerita. Y de repente apareció Windows, y volví a escribir cartas en formato digital, respetando siempre el precepto de usar las palabras como mi principal manera de expresarme.
¿Me seguís o te aburro?
Bueno, sigo. Los almanaques se fueron reemplazando, unos y otros, y pasó el blog también, y fijate qué loco, lo digital un día se convirtío nuevamente, en letra estampada en un papel, ¿cuándo? Y, casi casi, cuando volviste vos, como si hubieses estado agazapado todo este tiempo, esperando la ocasión de ... de ... ¿De qué? No sé. Vos sabrás.
Tengo hambre Diario, debo irme. Pero antes, te contaré mi sueño de hoy.
"Creo que no estaba dormido, sino casi, esperando que el silencio fuese total, dentro de casa, y también allá afuera. Tuve la precausión de dajar la puerta de la pieza emtreabierta. Chilla por falta de aceite, y no es momento de andar despertando gente. Me puse un buzo, las zapatillas y los anteojos, y evitando que mis pisadas rompieran la quietud de la madrugada, llegué al patio. El perro me miró, le hice la seña del silencio con mi dedo índice cerrando mi boca, y no sé si lo entendió, pero decidió acompañarme. Saltamos sin dificultad la puertita de madera como hacíamos siempre. Caminamos hasta la esquina y nos sentamos en el cordón de la vereda, con el alambrado que nos separaba del descampado, haciendo las veces de un improvisado telón.
Había un poco de viento. Detrás de nuestro telón, por entre su tejido, podíamos ver cómo los pastos se bamboleaban, haciendonos la previa, matizando la espera. El cielo que supo ser casi negro a nuestra llegada, a medida que nuestras pupilas se calmaban, se iba iluminando por aquí y por allá. Esa escena era conocida para mi, me cansé de unir puntos numerados en las revistas de crucigramas, para formar caballos alados, fragatas a vela, y rostros que se pintaron hace quinientos años. Miré al perro, para ver si también estaba tratando de dibujar con las estrellas, pero no, su hocico se apoyaba sobre sus patas cruzadas en la tierra. Claro, él no consumía revistas de acertijos y anagramas.
Mis ojos iban de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo, esperando que comenzara la función, esa cuyo inicio sería inminente. Pero como suele suceder a menudo, en las puestas en escena, hay demoras, y el público debe saber esperar.
Me quedé quieto, sosteniendo la vigilia en el lugar indicado.
A la derecha, por entre la formación de álamos, creí ver cierta claridad en el cielo. Sus siluetas iban apareciendo de a poco. El silencio del fin de la noche se sacudió con las primeras notas del canto de un zorzal.
El perro se paró, estiró sus patas delanteras, luego las traseras. Y sin decir nada, pegó la vuelta. Yo me levanté y seguí sus pasos.
Mañana será otro día.
Riqui de Ituzaingó
Lindo. Espero el siguiente 😃
ResponderBorrarQue suerte tener un sueño así, sin sobresaltos😃
ResponderBorrarLindo
Era chico y justo frente a casa había una fila de álamos que dividian unos lotes...
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