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Dardo "el Pescado" - 6. Neblina y humo de motos

  -  Decile a Marcelito que mañana a las 9 y media lo quiero sentado en esa silla.  Dejo un quinientos, compren facturas - El Comisario a cargo del Comando agarró sus cosas, un sobretodo color camel, un portafolios de cuero y un sombrero negro de ala, como los que se usaban en las viejas películas de intriga y acción. Saludó a su paso y se fue en su Audi blanco, seguramente al ritmo de Juan Luis Guerra, su cantante favorito. Aguirre es uno de esos tipos que deben manejar todo, y a medida que fue ascendiendo en cargos, fue sumando poder a fuerza de no derivar decisiones y a procurar el malestar general entre la gente que estaba a su cargo, y en la medida de lo posible, entre su pares.  En lo que iba del año ya había sido citado dos veces por el Consejo de Inspectores, y gracias a su capacidad innata de revertir las situaciones, salió de esas reuniones sin un rasguño a su investidura.  Algo que le daba combustible extra a su astronómico ego Aquella mañana la niebl...

Dardo "el Pescado" 5. Dos caranchos

Dos caranchos miraban atentos desde arriba de uno de los arcos de la canchita, la quietud de esa mañana.  Cada tanto sus chirridos cortaban el ulular de la ventisca que se escurría por entre los pasillos que separaban los edificios del barrio. Algún memorioso dijo no hace mucho que toda esta zona era un bañado donde jilgueros y cabecitas negras entre otros, eran los dueños del lugar, llenando de música esos días.  Pero vino la autopista, luego a su vera el barrio, y los pocos pájaros que quisieron resistir la toma, fueros desalojados por el ensordecedor ruido de las máquinas viales y la tala de los pocos árboles del lugar, especialmente ligustros y paraísos. Esa tarde, cuando el viento aflojaba, un olor fétido se hacía presente, casi una marca registrada de este lado del barrio.  Entre los pastos que brotaban desde la zanja se veían los restos de una bolsa de consorcio envolviendo un perro despanzurrado seguramente por los caranchos y las ratas, habitués del baldío, el qu...

Con el buzo amarillo

(Dedicado a mi amigo Fabi) Yo creo que nadie quería ir al arco porque no era una empresa sencilla.  Se enseñaba el oficio de Arquero como quien lo hace con un aprendiz de carpintería o de albañil.   Mi llegada a Itu en el año 67 fue bienvenida por los pibes de mi edad, ya que al tratarse de un barrio muy pequeño, diría que fronterizo  (tres zonas según la Filcar lo rodeaban) aportaba un futuro integrante a los planteles vigentes.  Mejor dicho, esperarían a que le pudiese pegar a la número cinco para por lo menos armar un cabeza. Ante la inexistencia de probos en las porterías , fue que hube de aprender los gajes del oficio, desde una tribuna viendo al memorable Gato Marín, o leyendo notas y reportajes en la Revista Goles.  Y no mucho mas que eso. Así fue cómo las dos primeras cosas que puse en práctica fueron: marcar con el talón de mis botines (supongamos que tenía) sobre la imaginaria línea del  área chica, la posición de ambos palos del arco (o lo q...

Dardo "el Pescado" - 4.En guardia

 #  1.45 am.  El Fiat Siena negro estaba estacionado a cinco metros de la Pearson, y a dos cuadras de la autopista.  Casi una sombra en esa calle que supo tener alumbrado público en los años que se comenzó a edificar el barrio.  Y también para ese fin de año cuando vinieron tres o cuatro Concejales a inaugurar la obra que por entonces, no llegaba al sesenta por ciento de su construcción. " Encendé el motor.  En menos de dos minutos pasa una camioneta gris hacia el barrio.  Te metés atrás y te asegurás que nadie los siga.  Si ves que viene alguien atrás, hacés luces y clavás los frenos.  Dejá el teléfono sin cortar  ".  Dardo dió la última pitada y tiró el pucho por la ventanilla que de inmediato cerró.  El viento que empezaba a levantarse, hacía más fría la noche.  A lo lejos se veían dos luces que se acercaban muy rápido. Puso primera y dejó el pie  sobre el embrague, listo para cumplir lo ordenado. Apenas dobló el S...

Dardo "el Pescado" - 3. No más palabras

Cuando bajaba el sol, El Tío se acomodaba detrás del improvisado mostrador de madera, para atender a los que se juntaban luego de las changas, a tomar un vino o una cerveza.  A unos diez o quince metros de su casa, donde Tela tenía el almacencito, había alquilado una pieza.  Le hizo una puerta hacia la calle, y en unos pocos metros cuadrados, se armó el boliche.  En una heladera Siam verde, comprada en algún revoleo, siempre tenía vino blanco de dudosa calidad, alguna cerveza, y por si pedían Ferné, una o dos Colas de tercera marca. -  ¿Qué te sirvo Dardo? -   preguntó El Tío -  Un Ferné.  - -  Cuando vos pedís Ferné querés charlar.  ¿Qué pasa? - -  Me apretaron de la yuta.  Me tienen agarrado de las bolas, y no sé ahora con que van a venir - -  ¿Quién fue, cómo se llama? - -  No sé.  Uno flaco, de pelo largo con flequillo, vestido con vaqueros gastados - -   Ahhhh si.  Ya sé - El Tío  le puso...

Los Murgueros

La calle paralela a la avenida donde estaba el súper chino, tenía varios negocios chicos, especialmente la cuadra que estaba detrás. De veredas húmedas, tal vez porque miraban hacia el sur de la ciudad, sumado al agua que siempre corría junto al cordón y que los colectivos se encargaban de desparramar.  Una dietética, un almacén, una casa de sellos y fotocopias, y llegando a la esquina, antes del maxikiosco, una tintorería de esas 5 a sec . Yael iba pateando una cebolla, despacito como para que llegara hasta la esquina sin caerse a la calle.  Mientras tanto se imaginaba como explicar en su casa el haber llegado tan temprano cuando debería estar en el puesto de la verdulería, en ese momento. Desistió volver a casa tan rápido y al llegar a Araujo, dobló hacia la derecha, como yendo hacia el parque.  Siempre que podía se daba una vuelta por allí con la esperanza de que lo invitaran a participar de un picado.  Dentro de su imaginación también estaba la respuesta que darí...

Dardo "el Pescado" - 2. Cambio de Hábito

Tres de esos bloques de cemento que siempre hay cerca de las obras, estaban a un par de metros de la equina, seguramente llevados ahí por algún pasajero.  Donde paraba el 433 cartel Bo. Los Sauces, no había refugio, solamente los tres improvisados asientos, y un cartel de chapa, oxidados que apenas podía señalar que ahí debían esperar los que viajaban hacia la estación de tren.  Dardo esperaba el paso del 433, que casi nunca paraba, por venir lleno desde el barrio, o porque los choferes consideraban a esa y a la siguiente como dos paradas difíciles. - Che Pescau, te andan buscando - -  ¿Quién? - levantando la vista y dirigiéndose a la mujer que conducía el Renault 12 -  ¿Y quién va a ser? -  le respondieron desde adentro del auto  -  ¿En qué bolonqui te metiste ahora? - Estela o Tela como la llamaban en el barrio, atendía un almacencito en la calle de atrás de los edificios.  Estaba al tanto de casi todo lo que pasaba y tenía cierto afecto por los...