Ir al contenido principal

Dardo "el Pescado" - 6. Neblina y humo de motos

 -  Decile a Marcelito que mañana a las 9 y media lo quiero sentado en esa silla.  Dejo un quinientos, compren facturas - El Comisario a cargo del Comando agarró sus cosas, un sobretodo color camel, un portafolios de cuero y un sombrero negro de ala, como los que se usaban en las viejas películas de intriga y acción. Saludó a su paso y se fue en su Audi blanco, seguramente al ritmo de Juan Luis Guerra, su cantante favorito.

Aguirre es uno de esos tipos que deben manejar todo, y a medida que fue ascendiendo en cargos, fue sumando poder a fuerza de no derivar decisiones y a procurar el malestar general entre la gente que estaba a su cargo, y en la medida de lo posible, entre su pares.  En lo que iba del año ya había sido citado dos veces por el Consejo de Inspectores, y gracias a su capacidad innata de revertir las situaciones, salió de esas reuniones sin un rasguño a su investidura.  Algo que le daba combustible extra a su astronómico ego


Aquella mañana la niebla lo cubría todo.  El aire podía tocarse, frío, espeso, húmedo.  Una postal de la incomodidad.  El inconfundible ruido de un motor cuatro tiempos se hacía cada vez mas presente, hasta que como saliendo de un truco de magia, la moto apareció entre lo gris de la mañana.  Entró a paso lento al Comando, sin mas saludo que algún gesto que se le caía de la cara, y fue directo al despacho de Aguirre.

-  A ver si ponemos en claro las cosas.  9 y media es cuando esa puta aguja larga está señalando el piso.  ¿Está claro? -  El comisario cerró con ambas manos el paquete de facturas que un rato antes le habían dejado junto con un termo con café y un par de pocillos.  Lo revoleó hacia el sillón de cuero que tenía detrás, se sirvió otro café y siguió -  Ultimamente escucho el ruido de esa moto de mierda y me pongo de mal humor.  Si no querés que te pase por encima un camión volcador en cualquier esquina, vas a tener que hacer las cosas bien.  Y rápido -

-  ¿Qué pasó? -

-  Me están apretando mal los del Consejo,  se están mandando muchas cagadas y no son prolijos, como lo del boludo ese tuyo que apareció con un agujero en la garganta dentro de un auto.  Son unos pelotudos!.  Y encima no nos dan los números.  Tenemos hasta fin de mes para arreglar la cosa.  Escuchame bien -

- .... -

-  Me estás escuchando o hablo al pedo!? -  Aguirre se sirvió el último chorro de café del termo con borra de mal colado. Volcó en la taza  dos terrones de azúcar y sin revolver le dió un corto sorbo.

-  Lo estoy escuchando -

Se paró el Comisario y comenzó a caminar por detrás de su escritorio, haciendo gestos con las manos.  -  Pongamos en marcha de una vez por todas el plan Los Ramones.  Tenés hasta mañana al mediodía para armar todo.  Un plan sin fallas sino voy a ser yo directamente el que te destripe con las ruedas del Audi -


-  Dardo, te sonó el teléfono, era el Carlo.  Dice que bajes, que en un rato te pasa a buscar con la moto nueva.  Cuidate, no hagan locuras -

Se calzó las Adidas rojas, se pasó la remera por los ojos, y le dió un beso en la frente a su vieja.  En realidad Julia lo había rescatado de la calle cuando su flequillo aún le tapaba los párpados y le ofreció siempre un plato de comida caliente y un lugar donde dormir.  Y por sobre todas las cosas un ejemplo de vida a seguir, moneda escasa en los barrios del sur de esta ciudad.

Con el cuello de su campera levantado y las manos en los bolsillos, vió venir la moto color naranja medio metalizado.  No era de ninguna de las marcas japonesas que casi todos conocen, ni tampoco se puede tener certeza sobre su origen, pero el Carlo llegó como si fuese un Rockstar, con todas las luces prendidas y tocando bocina a rabiar

-  Agarrate fuerte! -  fue lo único que dijo el Carlo y salieron haciendo willy por el estacionamiento del barrio.  Intentarlo en la calle sería solamente posible si fuese un campeón de motocross.  Los pozos ahi no perdonan.

Entre gritos y risas recorrieron varias veces la Pearson, recibiendo saludos de algún amigo por ahí, y mas de una puteada de parte de lo que sólo usan la avenida para ir a algún lado.  Pararon en la plazoleta que está enfrente del Hospital.  Carlo sacó de entre sus ropas un paquete de esos cigarrillos de marca que tanto ansiaba fumar Dardo.  Convidó, encendieron juntos, y ..

-  Tengo novedades -

-  Decime -

-  Estuve anoche con el Tío.  Está al tanto de todo, y quiere ayudarte.  Escuchá bien.  Este fin de semana va a haber una movida grosa.  Vos el viernes a la noche te guardás y si te llama Marcelo le decís que volás de fiebre.  Que estás esperando que te traigan alguna pasta para tomar, a ver si baja. -

- Mirá que este Marcelo en muy pesado, me tiene agarrado de las bolas -

-  Vos hacele caso al Tío, ya te lo vas a sacar de encima -

Carlo pateó la moto, y juntos enfilaron hacia la autopista, a probar a qué velocidad la podían poner.

Ese día el sol jamás dió el presente y a la tardecita una garúa muy fría fue de a poco cubriendo todo el cemento del barrío, como para que todos recordasen que vivir acá era realmente una mierda-


(continuará..)


Riqui de Ituzaingó




Comentarios

  1. Buenoooo a esperar la continuación ME GUSTÓ

    ResponderBorrar
  2. 👍💪👏A que se matan con la moto!!!
    Ana Lidia Pagani

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Querido diario

Querido diario: Es raro estar escribiendote esto después de tantos años.  Ni quiero hacer la cuenta!  Es que ya había olvidado tal vínculo diario contigo, y conmigo obviamente.   Aún persiste mi asombro.  No sé si estás al tanto, pero de manos de quién menos lo esperaba, apareciste nuevamente, en medio de un par de libros de Asimov, y El Gráfico del 86, que mostraba la copa en lo alto, tanto en la tapa como en la contratapa. Cualquiera en mi lugar se hubiese sumergido dentro tuyo, buscando algún tesoro, en medio de tan desteñidas y ajadas hojas.  Pero no es mi caso.  De inmediato, busqué una Bic trazo gruso, y sin que la melancolía me ganase, apoyé tus tapas sobre mi escritorio y, aquí me ves, dispuesto a continuar con aquello que tuvo una pausa de apenas cuarenta y pico de años. No sé por donde arrancar, es que llegaste sin avisar, y no creo estar preparado para la ocasión.  Dejame recordar un poco ... Durante todos estos años me crucé con escrit...

Buenos Ayres

Nací en los sesenta en Mataderos, barrio porteño, si los hay.  Llamado en un momento el Arrabal, la puerta de atrás de mi ciudad.  Claro, todos llegaban en barcos a La Boca, allá lejos, en la otra punta.  Pero mis calles fueron la entrada de los que venían en carretas, a caballo, ahí dónde se recibía el ganado, con destino final, los mataderos y saladeros.  Vaya a saber por dónde estarían. Pero esa gran puerta trajo también, una parte importante de la materia prima que fue formando el carácter del Porteño.  Si por el Riachuelo entró el lunfardo y el Tango, en las valijas de nuestros abuelos, por estos lares recibimos el mate, las milongas, el asado. Es cierto, me fuí del barrio, a mis cinco años, pero jamás perdí la identidad que corre por mi cuerpo y que me hace estremecer cada vez que escucho algún compás del fuelle de Piazzolla. Y si digo Astor, mil veces caminé por Callao, buscando esa bendita vidriera, y me di cuenta que al final de cuentas, fue siempre una...

Yo vi jugar al 10

Había un programe en la tele, creo que en el año 73, que duraba toda la tarde.  Quizás era Matineé, donde estaba la Tía Valentina.  Un día llevaron a un pibe que jugaba en las inferiores de Argentinos Juniors, los famosos Cebollitas.   Esos programas tenían un poco de todo, se daban de lunes a viernes después de almorzar, y estaban hechos para acompañar.  Era usual por entonces, que las mujeres no trabajaran fuera de la casa, sino se dedicaban al laburo del hogar, y la pesada crianza de los chicos (nunca menos de dos).  Entonces la tele siempre estaba encendida, como para que fuesen más llevaderas, las tares hogareñas. El pibe en cuestión, estaba en un costado de la imágen haciendo jueguitos con la pelota (hoy freestyling).  Era algo simpático para ese programa, pero no para mi.  Al otro día fuí corriendo a contarle a los chicos de mi equipo, Los Leones, que había visto en la tele a uno de los Cebollitas, y que si nosotros avanzábamos en el campeo...