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El Vasco - 5. El Club de Paleta

 "HOY ARROZ CON MEJILLONES" anunciaba la pizarra que estaba sobre la pared, a la derecha del imponente portón de madera del Club de Paleta, como todos lo conocían, o Sociedad Vasca del Oeste, tal como rezaba la placa de bronce, a la izquierda de la puerta. -  Buenas noches, buenas noches -  Saludó Ezequiel o "cabezón" como lo conocían todos por ahí.  Con la sonrisa que lo caracterizaba ingresó en compañía de José Antonio al salón comedor, recibiendo los saludos de Mónica y Marcelo, los dueños de casa, así como también los de quienes ocupaban las primeras mesas, por supuesto gente conocída. -  Vamos a aquella de cuatro, al lado de la estufa -  Le señaló a su amigo, mientras se quitaba la gorra y el sobretodo.  -  Esperemos que estos dos hagan honor a su palabra y vengan temprano.  Tengo hambre - Comunmente. cualquiera de los habitués del club, recuerda que su infancia también estuvo asociada al Club de Paleta, aunque nadie sepa la fecha en la ...

El Vasco - 3. Confitería y Panadería La Perla

 - ¿Lo viste? - -  Si.  Un tipo que llega a la esquina y dobla  - - Era Él! - Si bien el frío apretaba, a esta hora de la mañana ya se podía decir que las casi diez de ese día no distaban mucho de las de cualquier otro día del año, con excepción de los domingo o los días de Fiesta.  La vida en los pueblos es tediosamente rutinaria, por lo menos a la vista de los que no viven allí.  Si algún cineasta se parara con su lente presto para enfocar en un mismo lugar, varios días a la misma hora, seguramente recolectaría muchos minutos de película que se repetirían.  El auto de color que arrima a la vereda, un fulano con el diario bajo el brazo, una chica no tan chica con la bolsa vacía y la lista en la mano, dos chicos de guardapolvos claros corriendo hacia la  escuela.  Y en esta época, el viento que a pesar de no ser muy fuerte, pareciera verse cómo se arremolina en la unión de la 7 y la Cabral, jugándole bromas al desprevenido que por allí pasa c...

El Vasco - 2. Un par de mate cocidos

 El camión esperaba ser cargado con el pedido de materiales del Convento de La Merced, y si bien aún no habían bajado el remito de la oficina, este ya estaba en marcha para disgusto de todo ser humano que merodeara por ahí.  La mañana, aún sin sol, se colmaba con una bruma helada, típica de los primeros días de Julio.  Pero el camión Dodge de Materiales San Martín, con su humareda de gas oil mal quemado, le daba al lugar una espesura que nada tiene que envidiarle a las tormentas del Mar del Norte relatadas por E A Poe. -  Cheeee, carguen ese camión de una buena vez que nos vamos a morir todos intoxicados! - Dijo Pedro mientras hacía la recorrida de cada mañana, revisando que todo estuviese en orden.  Aunque en un terreno atestado de ladrillos, varillas e inmensos médanos de arena, pocas serías las sorpresas que habrían de aparecer.  A decir verdad, esa recorrida la usaba para fumarse un pucho medio a escondidas, para evitar los retos de sus empleados, todos...

El Vasco - 1. El Parroquiano

Religiosamente, como hace más de veinte años, Don Germán llegó a la puerta del boliche de San Martín y calle 3, pasaditas las  7.  Apoyó la bicicleta sobre el poste verde del alumbrado público, se quitó los guantes de cuero, y sacó de entre sus ropas un manojo de 15 o 20 llaves, que a entender de quién escribe este relato, deben haber servido pata cerrar distintas etapas de su vida.  Hoy con unas seis se arreglaría, dos para las puertas de su casa, una para el candado de Anacleta, esa que lo trae aquí cada día desde el ´83.  Y las del boliche, una de la cadena de adelante, la Trabex de la puerta principal, y la del fondo.  Las otras llaves, vaya a saber uno cuándo giraron por última vez. Quitó la puerta de chapa, sacó los largueros, no sin antes pegarle un par de pataditas que no hacen más que deformar la chapa, y generarán a la madrugada una nueva puteada, ante la sonrisa escondida del barrendero de turno. - ¿Cuándo será el día que Juan o Luis se den cuenta que...

Dardo "el Pescado" . 8 El Cuento del Tío

El sábado arrancó con sol aunque mirar el cielo entonces, no era lo que se esperaba porque había mucho humo dando vueltas, y cada tanto el viento hacía sentir el olor a cables quemados. La canchita del Once fue acondicionada para la ocasión.  Se cortaron los pastos de alrededor, se limpió un poco detrás del arco que daba a la ruta, casi siempre un basural que nadie levantaba, a lo sumo algún vecino cada tanto prendia fuego como para espantar  a los bichos.  Los arcos de cinco metros, reglamentarios para los campeonatos de los barrios de por acá, fueron emparejados con arena y, se marcó con cal el  punto penal a nueve pasos, un poco menos de otros tantos metros. " Dani, asegurate que ningún boludo ofrezca falopa.  Hoy cuidense"   Ramón Luna desde una mesa del minimercado de la Shell, controlaba todo con sus dos teléfonos No eran las diez y desde una camioneta bajaron dos chulengos para los choris, una pochoclera, y toda la bebida, especialmente botellas de c...

Dardo "el Pescado" - 7. Los Ramones

Ramón Luna era el mayor de tres hermanos.  Ocupaba una casita baja en el fondo del terreno familiar en Villa Celina. Compraba y vendía autos y alguna que otra moto que ofertaba al costado de la autopista, y casi siempre se lo veía por las tardes con una de esas sillas plegables y una mesita.  Él y sus hermanos empezaron a hacerse conocidos hace un par de años en Los Sapitos, y rápidamente trascendieron ese barrio, hasta acercarse al mismísimo Once.  Y ultimamente se los vió varias veces merodeando la zona "fiscalizando" los campeonatos de penales que todos los sábados se hacían en las canchitas de los distintos barrios " Ramón, estate atento.  En cualquier momento vas a tener baile, y vos sabés que cuando hay baile, hay que bailar"  .  El mensaje entró al teléfono de Ramón, quien se levantó sus anteojos oscuros onda Lenny Kravitz para poder leerlo.  Una camioneta verde paró frente a los autos estacionados sobre el pasto, y el hombre se paró y saludó c...