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Con el buzo amarillo

(Dedicado a mi amigo Fabi)


Yo creo que nadie quería ir al arco porque no era una empresa sencilla.  Se enseñaba el oficio de Arquero como quien lo hace con un aprendiz de carpintería o de albañil.  

Mi llegada a Itu en el año 67 fue bienvenida por los pibes de mi edad, ya que al tratarse de un barrio muy pequeño, diría que fronterizo  (tres zonas según la Filcar lo rodeaban) aportaba un futuro integrante a los planteles vigentes.  Mejor dicho, esperarían a que le pudiese pegar a la número cinco para por lo menos armar un cabeza.

Ante la inexistencia de probos en las porterías, fue que hube de aprender los gajes del oficio, desde una tribuna viendo al memorable Gato Marín, o leyendo notas y reportajes en la Revista Goles.  Y no mucho mas que eso.

Así fue cómo las dos primeras cosas que puse en práctica fueron: marcar con el talón de mis botines (supongamos que tenía) sobre la imaginaria línea del  área chica, la posición de ambos palos del arco (o lo que lo formase), y dejar detrás de la meta un trapo que hiciese las veces de toalla, para secarme las manos y evitar posibles patinadas del balón sobre ellas.

Había visto en la cancha de Vélez y en  las fotos de las revistas que los arcos se pintaban de blanco y en sus bases, allí casi donde brotaban de la tierra, un toque de color, el de los dueños de casa.  Pero en mi barrio no había ni cancha ni por ende arcos como los que yo conocía.  Empezamos jugando en la calle (en los albores de mi carrera deportiva eran todas de tierra) y los arcos los hacía el arquero.  Alguna piedra grande de cada lado,  un par de palos clavados (seguramente ramas de paraíso) o bollitos hechos con remeras, bolsos o porque no la bolsa de los mandados.  Cuando no daba el quórum para el picado, pateábamos hacia los frentes de las casas usando los árboles como postes.  Esta práctica no era muy recomendable porque a menudo la cosa terminaba mal, vidrio roto, pelota perdida o gritos de alguna vecina que no comulgaba con la práctica de tan popular juego de pelota.


Pero un día nos invitaron a jugar.  Era como recibirnos de algo, en este caso de jugadores de fútbol.  Nos preparamos para la ocasión, entrenamos sin saber muy bien cómo, pero lo hicimos porque así debía ser.  Fabricamos nuestras propias camisetas con remeras o camisetas blancas, y con la  ayuda de alguna mamá o tía le cosimos una franja vertical roja.  Y por detrás, números negros de cuerina, esos que se vendían en las tiendas.  

Allá fuimos en carácter de visitantes al estadio que estaba del otro lado de la ruta, con la frente alta y la moral, mucho más aún.

Si bien esa tarde estrenaría el buzo amarillo, yo me había hecho mi propia camiseta con el número seis estampado en su espalda. Y como era usual, la tiré justo detrás del palo izquierdo.  Esto junto con las dos marcas en la tierra ahí delante, me daban la confianza de que estaba haciendo las cosas bien.

El Gato Marín siempre se daba vuelta y con una seña nos saludaba. Yo me di vuelta, busqué a la gente arriba de los escalones de la popular de Vélez, pero no encontré más que un Mixto posado sobre los cables de luz que pasaban por sobre la vereda.  Igual me preocupé por hacerle llegar mi saludo, y el pajarito se fue, quizás a ver otro partido.

"Gooolllll"  gritaron los de enfrente, y yo quise explicar que no había escuchado el silbato del juez dando por comenzado el partido.  En fin ...

El sol lo tenía asomando entre los árboles y era inminente que en unos minutos me iluminaría por completo la cara y por supuesto los ojos.  Pensé en no dar ventajas, y a unos metros mío, sobre un costado se veían un par de hojas de un Crónica.  Fui corriendo, tomé una y comencé a hacer un sombrero como esos que usaban los pintores y algunos albañiles

"Gooolllll"  gritaron los de enfrente, y yo quise explicar que en breve el sol me iba a molestar mucho y esas cosas.  En fin ...

La moral del equipo seguía intacta y este no cesaba en sus ataques al rival para lograr el esperado descuento.  En uno de esos avances, vi que a Fabi lo pararon agarrándolo de la camiseta.  No recuerdo si se cobró la infracción pero si que noté que el número 3 de cuerina se había descocido y estaba a punto de desprenderse.  Temiendo alguna sanción por parte del referí, tomé mi camiseta con el 6 y fui corriendo a dársela a Fabi para que se la cambie y pueda jugar con un número que lo identificara.

"Gooolllll"  gritaron los de enfrente, y yo quise explicar que en realidad quería evitar una infracción al reglamento del fóbal.  En fin ..

El ánimo del equipo no decaía a pesar de la diferencia en el tanteador, pero el tratar de revertir la situación hacía cometer errores defensivos.  En uno de los tantos cometidos tuve que parar a un rival con una patada, la primera que di en mi extensa carrera. Penal. Tenía en claro que para poder atajarlo debía elegir un palo.  Eso hice, y me arrojé hacia mi izquierda.

"Gooolllll"  gritaron los de enfrente, y yo quise explicar que así hacían los arqueros profesionales.  Como respuesta me dijeron que eso mismo debía hacerlo (lo de tirarme hacia una punta) pero en el momento en el que shoteaba el rival, no cuando aún ni había empezado a correr para patear.


Volvimos al barrio en silencio, la diferencia de siete goles no marcaba la realidad, y opacaba nuestro rendimiento.  Al llegar a casa Fabi me invitó: 

- ¿Cambiamos camisetas? -

Lo tomé como una señal de cordialidad, esa práctica se hacía siempre al finalizar los partidos.  Le di mi buzo amarillo y el  me devolvió mi camiseta con el número 6 en la espalda, con la que había terminado jugando.

-  Riqui, desde ahora cuando vayas a la cancha, empezá a mirar al seis, porque al arco no volvés nunca más - Y se fue a su casa, sin darme la oportunidad de explicarle que en realidad ...

En fin ...


Riqui de Ituzaingó  

 


Comentarios

  1. Así se va construyendo la vida

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  2. Excelente Ricki. Siempre tu pluma trae tan lindos recuerdos. Y gracias por la dedicatoria. Fuiste un muy buen número 6 de verdad. Lo probaste en aquel torneo en Deportivo Moron. Pero eso será otra historia, verdad?

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  3. Me gustó,y x momentos me causó risa

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  4. Excelente!!! Me hiciste acordar a mis tiempos de golkiper en el club Gloria de Villa Pueyrredón... Una vez en un partido entre nosotros, un entrenamient, me mandé tantas cagadas que al arrancar el segundo tiempo el técnico hizo cambio de arqueros, para equiparar un poco la cosa...

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