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No soy un extraño - 5ta y última parte - Sin título

En el tercer piso, a la salida del ascensor, había una especie de buffet, por llamarlo de alguna manera.  En realidad era el final de un pasillo que conducía hacia un par de consultorios que no se utilizaban desde hacía unos años.  La gente de enfermería, con Patricio a la cabeza, propuso armar ese barcito en el hospital, para poder comer algo diferente al menú de los internados (como si fuese poco el sufrimeinto de estar allí, esa comida lo intensificaba).  Habiéndo conseguido el visto bueno del DIrector, acordaron con Eleonora, la señora que tenía el quiosquito en la planta baja, que se hiciese cargo del futuro buffet, con la ayuda de Jorge, uno de los camilleros que se había cagado la cinura y no quería seguir con el trabajo pesado, y Don Garcia, uno de los porteros recientemente jubilado.  Un consultorio lo tomaron como depósito, y el otro hacía las veces de cocina, aunque al no haber gas y no tener una pileta grande, era el lugar dónde se hacían los sánguches, las ensaladas, y se cocinaba lo que se podía con el microondas y el horno eléctrico.  En el pasillo estaban las mesas y sobre una de las paredes, un improvisado quiosco, aprovechando parte de la mercadería que tenía Eleonora en la planta baja.  No era lo que se dice un gran emprendimiento gastronómico, pero todos estaban conformes.

Mariel se sentó en una de las mesas, pidió una porción de tarta de verduras y una Seven up.  Abrió el whatsapp y escribio:

"Flor, te pido  si me lo llevás al Tomy a tu casa.  Estoy todavía en el hospital "

Miró un poco fotos viejas, borró algunas, y un mensaje entró:

"Hola amor, cómo va todo?"

"Y acá estoy, mal, queseyó"

"Tenés para mucho ahí?"

"No sé, esto es una pesadilla.  Entendés que se quedó paralítico este hijo de mil !.  Me tengo que hacer cargo yo?"

"Yo te dije que no te hagas cargo, que se ocupe la Policía.  No sé, que lo internen."

"Es lo que más quiero, pero no puedo.  A este tipo le debo una, estoy viva gracias a él."

"Que se cague!"

"Te llamo luego. Besos. "


- Familiares de Molina -

Mariel guardó su celular y fue hasta las dos puertas blancas que tenía a su derecha

-  ¿Usted es la esposa? -

-  Su compañera -  respondió

-  El paciente está estable, lo vamos a dejar en observación hasta el fin de semana, pero no esperamos complicaciones clínicas -

-  ¿Entonces? - 

-  Se lo va a poder llevar el sábado seguramente. Pero tenga en cuenta que no está en condiciones de valerse por si mismo -

-  Me dijeron que no iba a poder caminar -

-  Los brazos tampoco. La parálisis es por debajo del cuello -

Mariel se quedó mirando con cara de pánico al médico, sin reacción.

-  Le sugiero que ya mismo vaya a tramitar con la obra social algún tipo de ayuda.  La va a necesitar.  -

El médico volvió a entrar y detrás de él se cerraron las puertas.

Mariel fue directo a Terapia Intensiva, tanteó la puerta, pero estaba cerrada. Golpeó, una y otra vez.  -  Abran, tengo que pasar -

-  ¿Qué pasa señora tanto escándalo? -  le contestaron a traves de la ventanita calada en una de las puertas.

-  Déjenme pasar!  Voy a romper esta puerta a patadas! -

Un enfermero y un médico vinieron corriendo y entre forcejeos, trataron de calmarla.

- Señora, sientese por favor.  ¿Porqué está tan nerviosa? -  preguntó el más jovencito de ambos, seguramente un médico haciendo la residencia.

-  Lo quiero matar a ese hijo de puta!  No para de joderme la vida! -

-  Así no va a conseguir nada, venga, sientese un minuto.  Manuel traé un poco de agua -  Dijo el médico mientras le hacía señas al enfermero que fuese a buscar ayuda.

Mariel comenzó a llorar, mientras la rodeaban, dos empleados de seguridad, el enfermero y dos médicos.

-  Todo va a estar bien -  dijo el médico jovencito, mientras apoyaba su mano sobre el hombro de Mariel. 


Es posible que Mario haya escuchado el escándalo allá afuera. Cuando el silencio volvió, abrió de a poco sus ojos.  La luz blanca lastimaba, y entrecerró sus párpados hasta que de a poco su visión se fue aclarando.

- ¿Qué hace usted acá?  ¿No tiene que trabajar? -

-  Ya le dije que estoy acá para cuidarlo -

-  Perez, no me joda. ¿Dónde mierda voy a ir?  No puedo moverme. La anestesia no se fué.

-  Claro.  No se preocupe -

Molina se quedó mirándolo.  Piernas cruzadas, manos sobre su falda, y una mirada perdida, lejana, allá adelante.  Pensó que así, en esa posición podría estar todo lo que se propusiese. Equilibrio, quietud, sosiego.  Esa tranquilidad le fue llegando a Mario, y sin apartar su mirar del volado de las cortinas de una de las ventanas, comentó, en un tono inédito, por lo menos para su ocasional escucha:

- ¿La escuchaste, no?-

-  Sep -

-  Creo que vino a matarme -

-  ¿ Y porqué habría de hacerlo? -

- No sé.  Ultimamente no me estaba tratando  muy bien -

- Pero de ahí a querer hacerlo ...-

Perez seguía en la misma posición, casi sin pestañar, igual que Molina que notaba cómo de a poco la oscuridad de la tormenta parecía atenuarse.

-  Decía ...-

-   .... -  Mario comenzó a ver imágenes que corrían por su cabeza, todas con Mariel, simulando los trailers de las películas.  La noche del callejón.  La visita al hospital.  El primer café a la vuelta del Congreso.  Las pizzas, los cines, terminar en algún hotel del centro.  La pieza en Barracas, los pibes, con mudanza incluída.  Los pibes ...  Ahí puso pausa y dijo:

-  Siempre dudé que los pibes fuesen míos.  Un hijo te sonríe cuando te ve, te mira, viene a que lo protejas.  Bah, eso supongo que pasa con los padres y los hijos -

Apretó el botón de play y el trailer siguió.  Esa tarde de diciembre, cerca de Navidad...

- Yo bajé del colectivo, con una bolsa con una pelota y un camión de plástico duro, parecido a los que reparten  los materiales en los corralones.  Y un vestido blanco, ese que una vez me había mostrado en la vidriera del local de la avenida.  Y cuando cruzo la calle, veo en la otra cuadra, la de casa, un auto blanco y a ella subir con un vestido del mismo color que yo había comprado.  Y alcancé a ver en el asiento de atrás dos cabecitas, de chicos, como los míos.  Pensé que sería una casualidad, porque ella no tenía vestidos de ese color, es más, siempre andaba con pantalones vaqueros.  Y los chicos.  Los chicos estarían esperándo a que llegue, aunque más no sea para que los rete.  Pero la puerta estaba con llave, y solamente escuché los ladridos del perro de enfrente.

- ¿Entonces? -

Mario se quedó en silencio.  Cerró los ojos, trató que las imágenes se detuviesen.  Pero no, el control remoto no respondía.  Y todo se aceleró en su cabeza.  Patear la puerta.  Revolver los cajones.  Tocarle el timbre a Flor.  Golpear la puerta hasta el consancio en lo de Miguel.  El whisky o lo que hubiese ahí.  El grito interminable. 

-  Agarré el arma, me subí al techo y esperé.  Una, dos, mil horas, hasta que el auto blanco dobló desde la ruta.  Me bajé, me crucé al frente y ahí me quedé.  Bajaron los tres, salí, me paré enfrente del auto y le bajé el cargador -

Molina comenzó a llorar, sólo, casi entre murmullos.  Cuando se calmó, una mano le limpió las lágrimas y los mocos.

-  Corrí, paré un auto y fuí hasta la comisaría.  Denuncié un intento de robo, que me costó casi un año de sueldo -

- Entiendo que quiere  decirme algo más -

-  Era su hermano, o medio hermano, no sé.  Y nunca más pudimos aclarar esto.  Ahí empezó el infierno -

Hubo un silencio prolongado en la habitación, aunque se escuchaba con claridad lo que pasaba fuera de la unidad de Terapia intensiva. La luz que entraba por la ventana, de pronto se fue, y un trueno hizo que todo tiemble.

-  ¿ En qué se quedó pensando? -

-  En que finalmente todo terminó.  No hay chance de que algo cambie -

- ¿ Y que lo van a terminar matando? -

-  Sería justo -

-  Bueno, si piensa así, yo no puedo hacer nada por usted, Molina -

-  Dejame solo, Perez.  Por favor.


El monitor que estaba arriba de su cama, comenzó a chillar casi  como si fuese un timbre trabado con un chicle. Hubo corridas, un par de gritos, hasta que nada más hubo que hacer.  Infarto múltiple, dijo el informe.

Sus compañeros no fueron a despedirlo, ni tampoco la Institución organizó nada en especial.  Su muerte pasó sin pena y sin gloria.  Pero ese sábado, hubo una misa ofrecida por el Capellán   Gutierrez, a cargo de los responsos del personal caído

-  Hoy oramos por la memoria de nuestro compañero el agente Perez, que perdiera la vida el lunes pasado en un accidente mientras manejaba un móvil policial, en pleno acto de servicio.  Pedimos a Dios que su alma descanse en paz, y también pedimos consuelo para su esposa Amalia y su pequeño hijo Ismael...-

Fin


Riqui de Ituzaingó

https://youtu.be/AWZ2VBiaFik


  



Comentarios

  1. Puuufff!!!!! Tremendo
    Que bajón!
    Muy bueno👏👏👏👏

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  2. Bueno fue mejor para todos que se haya muerto de esa manera ya que iba a terminar en un asilo de la policía 🤷🏼‍♀️.
    Ana Lidia Pagani 💞🥹

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