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No soy un extraño (Parte 4) - Mariel

- "Doctor Anselmi, lo aguardan en Cardiología.  Doctor Anselmi..." -

Alguien habrá de ser el que ideó, cómo debería verse un pasillo de hospital.  Es posiblbe que haya tenido en cuenta que en ese lugar la gente sufre; tanto los internados como los que aguardan las noticias que casi siempre no son las esperadas.  Esos corredores, largos, que simulan ser tramos de algún laberinto, le dan vida a cualquier brisa menor que se cuele por ahí, para convertirla en una ráfaga.  Todos sabemos que en invierno, suelen hacer temblar al más pintado.  No es casual que las paredes se cubran con azulejos, blancos, los que provocan que el viento tome más velocidad aún.  Y que el que se apoye en ellos sienta el mes de julio tatuado en su espalda.

Mariel había llegado temprano, luego de dejar a Tomi en la escuela.  A las diez le darían el informe médico.  Quizás la confirmación de lo que la noche anterior le habían adelantado.  Sentada casi en cuclillas en uno de los bancos de madera que estaban cerca de la puerta de entrada a Terapia Intensiva, veía sin interés cómo delante de ella pasaban médicos a paso vivo, camilleros  llevando enfermos, parientes que buscaban salas.  Y el viento, que en este caso le regalaba ese insoportable olor a Lisoform, como si fuera poca la angustia ahí dentro.

Una nena, sin noción de dónde y para qué estaban todos allí, pasó corriendo, dejando a la vista de todos, el flamear de sus colitas de pelo negro y brillante.  Esa imágen fue suficiente para que la cabeza de Mariel comenzara a irse de a poco, uno, cinco, veinte o vaya a saber cuántos años atrás...

" Los domingos nos llevaban de visita a la casa de la Tía Mary; era nuestro único y esperado paseo. Si bien la Tía no nos daba mucha pelota, para nosotras era salir de la casilla y por un día vivir otra vida.  A mi me encantaba cómo mi mamá me peinaba y me hacía las colitas con una cinta blanca.  A Norita no le gustaba, decía que le dolía cuando le pasaba el peine y siempre terminaba llorando.  Creo que lo hacía porque quería quedarse.  Nunca pude preguntárselo, y ahora es tarde, me quedó la duda.  Yo tenía un par de zapatitos negros con hebilla, y medias blancas, no las más indicadas para ir caminando por la calle de tierra hasta donde paraba el colectivo sobre la ruta. Y el vestido azul, con tiradores que me había regalado la Tía cuando a mi prima ya le quedaba chico.  El viaje era largo, como de una hora, y muchas veces Norita vomitaba.  Yo miraba por la ventanilla y cada domingo elegía una casa para vivir cuando fuera grande.  La Tía tenía una casa grande que estaba sin pintar porque todavía la tenían que terminar. Atrás, un fondo grande con naranjos y un limonero.  Pero a mi me gustaban las plantas que hacían de cerco.  De hojas pequeñas y carnosas, tenían unas florcitas amarillas, del color de la mayonesa.  Cortaba florcitas y hojas hasta llenar el bolsillo que tenía el vestido por delante.  Norita, la preferida de la Tía, se quedaba adentro, mirando cómo cocinaba o lavaba la ropa.  Ella cada domingo se volvía con un billete de mil, nunca supe en qué lo gastaba.  Yo volvía con mi bolsillo lleno y al llegar a la casilla, hacía una filita con las flores y las hojas, tratando de que se pareciera al cerco de la Tía, para que un día fuese alto y no tuviera que ver más al tipo de al lado.  Me daba miedo "

-  Familiares de Molina! - Una de las dos puertas blancas que llevaban al office del piso de Terapia, se abrió y un médico con delantal desabrochado y anteojos de esos que se compran en los quioscos, se asomó, carpeta en mano, para dar el informe número mil de esa mañana.

Mariel se bajó del banco, con cierto dolor en sus piernas por la rara posición que tenía, y como pudo se acercó al médico que no paraba de tocarse el pelo.

-  ¿Usted es la esposa? - preguntó

-  Soy su pareja -

- Bueno, no tengo buenas noticias para darle.  Como consecuencia de un golpe fuerte en la columna, el paciente observa una lesión severa que afecta la movilidad y sensibilidad de sus miembros, tanto superiores como inferiores ... -

Mariel se quedó  mirándolo atónita, sin entender demasiado lo que escuchaba, pero imaginándose lo peor.

-  En un rato lo traerán nuevamente a la habitación, está en el área de Tomografía.  Al mediodía cuando demos los informes, seguramente el Jefe del piso le dará mas detalles y le dirá cómo seguir de acá en más. -

-  ¿No va a poder caminar ? -  preguntó Mariel casi sin abrir la boca.

-  Me temo que no va a poder moverse.  El cuadro es complicado -  Dijo el médico, que atendiéndo una consulta de un enfermero desde adentro, aprovechó para dejar la escena y cerrar la puerta con el pasador desde adentro.

Mariel caminó unos pasos hasta el mismo banco que la tuvo ahi durante largo rato, y se dejó caer sobre él.

La niña que juntaba florcitas del cerco de la Tía ya se había esfumado de su cabeza, y sus recuerdos volvieron a ser los mismos, llenos de desdicha y resquemor.  Imágenes fueron pasando delante de sus ojos, como las viejas diapositivas que alguna vez vió en la escuela. Una mujer rengueando y protestando la hizo abrir los ojos.  Era parecida ...

" El qué vos decías que era mi padre, cada tanto se aparecía, y yo llena de miedo, me escondía abajo de la cama, temblando hasta que una mano fuerte me sacaba de los pelos.  ¿Dónde estabas mamá?  Nunca te perdoné, y el día que pude escaparme, me fui, a vivir donde sea, por ahí.  ¿Entendés ahora?  Crecí con esta cara de mierda que evitaba ver al espejo.  y ¿Qué querés?  ¿Que encima vaya a buscarte?  No te ocupaste de mi, bah, nadie lo hizo, y ni siquiera cuidaste a Norita, a la única que le dabas bola.  Pero hasta eso hiciste mal y la dejasta morir "

El tiemo dejó de ser tal para ella, su cabeza quedó suspendida por no sé cuánto tiempo, hasta que por el pasillo, un camillero empujando una silla de ruedas, llevaba a Mario hasta la habitación.  El clavó sus ojos sobre Mariel hasta que la imágen salió de su foco.  Ella solamente acompañó esa mirada.  Nada más

" Claro que me acuerdo!  Esa noche pensé que iba a ser la última de mi vida, no podía terminar bien, pero apareciste vos y como te lo dije muchas veces, te ocupaste de mi, me hiciste saber que existía.  Todavía recuerdo el olor a pucho de tu campera, y cómo secaste las lágrimas con tu camisa.  Esa noche vi en vos mi Angel, el que me cuidaría de todo lo malo, el que me dejaría caminar segura, ese al que pudiese abrazar..... ¿Porqué carajo la cagaste Mario?  Explicame, ni en el peor de los sueños lo hubiese imaginado.  Todo ese tiempo que me ilusioné que mi vida había cambiado de una vez y para siempre ...  Te odio Mario, despertaste mi peor versión ¿Sabés cuántas veces pensé en agarrar tu arma y cagasrte a tiros?  No, no sabés, o a lo mejor te lo imagimás y te hacés el boludo.  Y ahora, insistís en cagarme la vida.  Paralítico!!!!  La puta que te parió, Mario, la puta que me parió... "

El viento que nunca dejaba de soplar por los pasillos traía el traqueteo de los carros de la comida, y un olor parecido a sopa o algo así.  Por la ventana que daba al parque del hospital, el panorama no era alentador.  Todo se volvió de repente oscuro, haciendo encender las luces de la calle allá al fondo.  Un trueno hizo temblar los vidrios, y una lluvia intensa se hizo presente.  Allá abajo, la gente corría buscando reparo.

(Continuará...)


Riqui de Ituzaingó


Comentarios

  1. Qué difícil ufff... Esperando la próxima entrega

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  2. Ah bueno, uno peor que el otro, como continuará este relato tan escabroso??? Lo sabremos... PRÓXIMAMENTE. Ana Lidia Pagani

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